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El mismo año que el delator más famoso del cine americano (Elia Kazan denunció a muchos compañeros al Comité de Actividades Antiamericanas) triunfó con “La barrera invisible”, uno de los más afectados por la ‘caza de brujas’ del senador McCarthy (Edward Dmytryk fue incluido en los ‘Hollywood Ten’, encarcelados y despedidos por no colaborar con el Comité) dio su propia versión del antisemitismo con “Encrucijada de odios”, una contundente y compleja muestra del mejor cine negro de los 40; aunque mientras el film de Kazan se alzaba con los principales Oscars, el de Edward Dmytryk (“Historia de un detective”, 1944, “El motín del Caine”, 1954, o “Espejismo”, 1965) se vio envuelto en polémica por la crudeza de su contenido. Basada en una novela del guionista y director Richard Brooks (“La gata sobre el tejado de zinc”, 1958, o “A sangre fría”, 1967), el film de Dmytryk cambió la homosexualidad de la obra original por el judaísmo para adaptarse al ‘código Hays de moralidad en el cine’, pero mantuvo un espíritu crítico, realista y agudo que puso a los cineastas en el punto de mira de los censores; y que hace que podamos ver la película como un estudio de la intolerancia y los prejuicios, del miedo al diferente en general.

El film sigue al inspector de la policía Finlay (Robert Young) mientras investiga el asesinato de un joven judío que la noche antes había sido visto bebiendo con tres soldados de permiso.

Pero “Encrucijada de odios” no es solo un film profundo y con trasfondo, sino que además es un excelente drama criminal con un irrepetible reparto de estrellas de la época (Robert Mitchum, Gloria Grahame, Robert Ryan, …), buenos diálogos y personajes bien perfilados; además de con una contrastada y sombría fotografía del veterano J. Roy Hunt y una inquietante banda sonora de Roy Webb que intensifican su condición de cine negro clásico. La puesta en escena de Dmytryk también es sobresaliente, utilizando (como en la iluminación) recursos narrativos del expresionismo alemán para crear una atmósfera de intranquilidad creciente que concluirá con en inevitable tragedia.

 

– Para coleccionistas del mejor cine negro clásico.

– Imprescindible para interesados en la historia de la censura en Hollywood.

 

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