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Aunque siempre comprometido con el cine de autor, el realizador polaco Andrzej Zulawski utilizó en varias ocasiones géneros populares como el terror (“El diablo”, 1972) o la ciencia-ficción (“On the Silver Globe”, 1988) para llevar a cabo sus perturbadoras y violentas reflexiones sobre las relaciones sentimentales o sociales. Así, tras el éxito y prestigio logrado con la dramática “Lo importante es amar” (1975), Zulawski nos trajo este inquietante film de terror (no solo psicológico) que se mueve entre lo alegórico y lo kitsch, entre la histeria y el gore; creando una obra extrañamente atractiva influenciada por Ingmar Bergman (“Secretos de un matrimonio”, 1973) o David Cronenberg (“Cromosoma 3”, 1979). “La posesión” nos habla de las relaciones de pareja de un modo enajenado y excesivo, no es un film para todos los públicos, pero no por su contenido de sexo y violencia sino por su extravagante planteamiento; la cámara de Zulawski se precipita nerviosamente por las calles de un Berlín frío y azul (gran trabajo de iluminación Bruno Nuytten), las interpretaciones parecen al borde de la locura y el argumento coquetea peligrosamente con lo ridículo. Pero es precisamente todo esto lo que lo ha convertido en un film de culto.

Mark (Sam Neill) es un espía que al volver de una misión se encuentra con que Anna (Isabelle Adjani), su mujer, quiere el divorcio. Además Anna comienza a comportarse de una manera muy rara.

“La posesión” explora la desintegración marital, extrayendo una serie de consecuencias monstruosas (incluida una criatura de látex creada por el gran Carlo Rambaldi); pero también puede ser visto como una parábola socio-política, con ese Berlín dividido, sinécdoque de una Europa separada en dos bloques aislados y llenos de secretos inconfesables. Andrzej Zulawski despliega una fuerza visual y narrativa inusual, es original en su puesta en escena y profundo en su planteamiento conceptual, juega con los géneros y los significados ocultos; regalándonos una intensa experiencia cinematográfica, irregular pero decididamente única.

 

– Para interesados en el cine de terror con trasfondo.

– Imprescindible para amantes del cine de autor más excesivo y enajenado.

 

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