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Con solo 29 años y gracias al éxito dirigiendo, escribiendo y protagonizando “Enrique V” (1989), el joven Kenneth Branagh se convirtió en la gran promesa de renovación del cine shakesperiano; pero además de adaptar con talento y acierto al dramaturgo inglés (“Mucho ruido y pocas nueces”, 1993, o “Hamlet”, 1995), Branagh también nos dejó en su mejor década algunas pequeñas joyas como el thriller sobrenatural “Morir todavía” (1991) o “Los amigos de Peter”, una disfrutable, fresca y nostálgica comedia dramática sobre la siempre difícil, y nunca lograda del todo, adaptación a la edad adulta. Con un sencillo argumento planteado como una versión ‘british’ de “Reencuentro” (Lawrence Kasdan, 1983), unos diálogos creíbles y ágiles, un escenario encantadoramente teatral, su tono de comedia intelectual y un excelente reparto con lo mejor de la generación de Branagh (Hugh Laurie, Emma Thompson, Imelda Stauton, …); “Los amigos de Peter” logra divertirnos y emocionarnos a la vez que desarrolla un reconocible catálogo de inseguridades, miedos y sueños de la clase media acomodada.

Tras años sin verse, un grupo de amigos que estudiaron juntos en Cambridge se reúnen en la casa de Peter (Stephen Fry), el cual tiene una importante noticia que darles. Pronto surgen las rencillas del pasado.

“Los amigos de Peter” también tiene tintes autobiográficos, no solo por el guión de Rita Rudner (que también actúa) y Martin Bergman (basado en sus propias experiencias), sino porque muchos de los actores estudiaron de verdad en Cambridge y estuvieron juntos en la compañía de teatro de la universidad; dando más verosimilitud a las relaciones entre los personajes. Positiva, bienintencionada y repleta de carismáticos éxitos ochenteros del pop-rock (Queen, Bruce Springsteen, Elton John o The Pretenders), “Los amigos de Peter” nos habla de disfrutar el presente sin olvidar el pasado pero sin dejar que este se convierta en un lastre; sus situaciones y enredos varios nos entretienen, nos permiten empatizar y a la vez reflexionar sin excesiva gravedad sobre nosotros mismos.

 

– Para los que antepongan las buenas interpretaciones y la frescura a la originalidad.

– Imprescindible para amantes de los reencuentros comico-nostálgicos.

 

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