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En los años de la II Guerra Mundial Hollywood se dedicó ampliamente a exaltar ciertos valores castrenses en numerosas películas en torno al ejército, su honor y la defensa de las libertades. “Murieron con la botas puestas” es un original ejemplo de esta tendencia, trasladando esas intenciones a un western bélico que se convirtió en uno de los más exitosos films de la época; a un biopic épico (donde lo de menos es el rigor histórico) que supuso una de las más míticas interpretaciones de la superestrella Errol Flynn. El prolífico (más de un centenar de largos en 50 años de carrera) artesano cinematográfico Raoul Walsh (“Sadie Thompson”, 1928, “Los violentos años veinte”, 1939, o “Al rojo vivo”, 1949) dirige con mano maestra y ritmo envidiable este clásico que sabe moverse con agilidad entre el humor y el drama, los espectacular y lo íntimo, la acción y el diálogo; que además volvió a unir a una de las parejas de moda: Flynn y Olivia de Havilland (tras “El capitán Blood”, 1935, “La carga de la Brigada Ligera”, 1936, o “Robin de los bosques”, 1939).

El film sigue el periplo de George Armstrong Custer (Errol Flynn) desde sus años en la academia de West Point, como indisciplinado cadete hasta su famosa muerte a mano de los indios.

Auténtico icono cultural en torno a fracasar con dignidad, la vida del célebre General Custer, idealizada al estilo Hollywood, da para carismáticas aventuras y apasionado romance; pero también para cierta reflexión en torno al heroísmo (y numerosas consideraciones históricas, sociales o políticas), apoyado en una buena exploración psicológica. “Murieron con las botas puestas” es un entrañable ejemplo del mejor cine de estudio hollywoodiense, con un estupendo reparto secundario (Anthony Quinn, Arthur Kennedy, Sydney Greenstreet o Hattie McDaniel), una memorable banda sonora del multioscarizado Max Steiner (“Lo que el viento se llevó”, 1939, o “Casablanca”, 1942) y todo un despliegue técnico que desemboca en la espectacular recreación de ese momento tan simbólico, trágico y engañoso que fue la batalla de Little Big Horn.

 

– Para coleccionistas de hitos clásicos del cine del oeste.

– Imprescindible para interesados en el ‘star system’ hollywoodiense de la era dorada.

 

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