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Estrenada entre dos de los grandes fracasos de la Disney (“Taron y el caldero mágico”, 1985, y “Oliver y su pandilla”, 1988), durante unos años ochenta que supusieron una de las etapas más oscura de la factoría de Mickey Mouse, “Basil, el ratón superdetective” no gustó ni al público ni a la crítica en el momento de su estreno; pero con el tiempo, y a pesar de sus defectos narrativos, sus numerosas virtudes la han convertido en una joya de culto de la animación. “Basil, el ratón superdetective” es una entretenida comedia de aventuras detectivescas con un tono tenebroso, ambientada en los lúgubres bajos fondos de un lluvioso Londres repleto de cabarets y criminales, con un villano memorable (doblado por el mítico Vincent Price) y secuencias que aterrorizaron al público infantil de la época (como ese borracho que cae en las fauces del monstruoso gato).

Cuando el padre de la pequeña Olivia, un fabricante de juguetes especializado en autómatas, es secuestrado, esta pedirá ayuda a un famoso detective: Basil de Baker Street. Pronto descubrirá que el responsable es su mayor enemigo, el malvado y megalómano Rattigan.

Basada en el primer libro que Eve Titus dedicó a su detectivesco roedor Basil de Baker Street, la película supone un homenaje a Sherlock Holmes (con un cameo incluido), donde todas sus características y constantes tienen su reflejo en un diminuto y cercano mundo habitado por pequeños animales, oculto a los ojos de los humanos. Pero “Basil, el ratón superdetective” no solo es un film divertido, con un argumento cargado de guiños al detective de Arthur Conan Doyle y unos personajes con suficiente carisma (sobre todo los villanos), una buena banda sonora de Henry Mancini y un trepidante clímax con un innovador uso de la animación digital; sino que también es un lugar perfecto donde apreciar el talento emergente y el entusiasmo de una serie de jóvenes animadores y artistas (Ron Clements, John Musker, Rob Minkoff, Kirk Wise, …) que levantarían el Estudio pocos años después con megaéxitos como “La sirenita” (1989), “La bella y la bestia” (1991) o “El rey león” (1994).

 

– Para coleccionistas de perlas olvidadas de la animación.

– Imprescindible para amantes de las películas de ‘Sherlock Holmes’.

 

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