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Con su segunda película (tras la estupenda “Moon”, 2009), el hijo de David Bowie se consolidó como una de las grandes promesas de la ciencia-ficción cinematográfica del siglo XXI; y es que “Código fuente” es un trepidante thriller de acción que utiliza la premisa argumental de “Atrapado en el tiempo” (Harold Ramis, 1993) para confeccionar un lúdico, espectacular y nada pretencioso rompecabezas. El no excesivamente original pero si atractivo guión de Ben Ripley se convierte en manos de Duncan Jones (“Warcraft: El origen”, 2016, o “Mute”, 2018) en uno de esos clásicos instantáneos del cine de género posmoderno, que consigue aunar una serie de referencias, homenajes y apropiaciones de obras anteriores en un conjunto sólido; con suficiente fuerza y personalidad propia para deleitar por igual a versados y a legos en sus antecedentes.

El capitán Colter Stevens (Jake Gyllenhaal) es enviado al cuerpo de otra persona durante ocho minutos que terminarán con la explosión de una bomba en un tren. Una y otra vez, Colter intentará evitar el desastre.

Drama, romance, intriga, terrorismo, acción y un trasfondo de ciencia-ficción que también recuerda a las peripecias de Bruce Willis en “Doce monos” (Terry Gilliam, 1995); todo servido por unos intérpretes más que solventes y la vibrante y detallista puesta en escena de Jones. Construida a partir de la repetición, en “Código fuente” el propio espectador va rellenando huecos, haciéndose partícipe de su sugerente, fraccionada e improbable (aunque eso es lo de menos) trama sobre la evitación del destino; bien dosificada a base de descubrimientos, giros y sorpresas que mantienen el interés con facilidad durante su ajustada duración. Y es que Ripley y Jones consiguen que una historia de lo más convencional (un militar evitando un atentado en un tren) se transforme en un inteligente ejercicio narrativo mediante una calculada deconstrucción que también tiene lugar para muchas constantes temáticas características de las superproducciones hollywoodienses (heroísmo, amor, sacrificio, crítica política inocua, …).

 

– Para amantes de la ciencia-ficción más ociosa.

– Imprescindible para coleccionistas de deconstrucciones narrativas.

 

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