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Tras delicias underground que tuvieron poca difusión como “Multiple Maniacs” (1970), el director de Baltimore John Waters (también escribe, produce, monta y se ocupa de la fotografía) se dio a conocer mundialmente con esta perversa, inmoral y escandalosa obra de culto que convirtió a su musa travestida Divine en un icono de la contracultura cinematográfica. “Pink Flamingos” se erige como la cumbre del cine basura, provocador, grosero y repulsivo; por medio de una trama cargada de sarcasmo e ironía que bebe de los melodramas clásicos para desarrollar la comedia más negra y escatológica jamás vista (con la célebre escena de la mierda de perro a la cabeza), un reparto de ‘freaks’ que funcionan como un catálogo detallado de los comportamientos más depravados y un mal gusto que ha estado presente en las obras más destacadas del insobornable John Waters (“Cosas de hembras”, 1974, y “Desperate Living”, 1977, formarían junto a ésta la trilogía más célebre del cine underground).

Babs Johnson (Divine) es una una mujer indeseable, zafia y afectada que vive con su extraña madre (obsesionada con los huevos) y su hijo (un delincuente degenerado) en una ruinosa caravana. Babs ha sido nombrada por un periódico la mujer más inmunda del mundo; pero los Marble, un matrimonio vicioso y vil que lo mismo vende drogas a los niños que recién nacidos a parejas de lesbianas, tienen envidia de ese título.

Gamberro y extravagante, Waters se rodeó de sus ‘troupe’ de asilvestrados contraculturales para apoyar este festival de eyaculaciones a cámara, canibalismo, coprofagia, exhibicionismo, zoofília y muchas cosas más; aderezándolo todo con una buena ración de rock & roll de los 50 (Frankie Lymon, Bill Haley o The Trashmen, de los cuales escuchamos su célebre ‘Surfin’ Bird’ mientras un tipo sigue el ritmo con su esfínter anal). Como era de esperar, fue directamente prohibida (sin condirerar clasificarla X) en varios países, aunque su permanencia en sesiones de medianoche y cineclubs alternativos la convirtió en un icono del cine sucio, incómodo, cutre, desvergonzado y divertidísimo.

 

– Para conocer el lado más transgresor del director de “Hairspray” o “Cry-Baby”.

– Imprescindible para adentrarse en las más desenfadadas vanguardias cinematográficas de los 70.

 

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