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A mediados de los 90, los hermanos Farrelly revolucionaron las comedia estadounidense añadiendo a estructuras argumentales clásicas grandes dosis de escatología, situaciones embarazosas e imbecilidad desproporcionada. De esta irresistible mezcla salieron sus mejores películas, clásicos del humor gamberro noventero como “Dos tontos muy tontos” (1994), “Vaya par de idiotas” (1996) o “Algo pasa con Mary”, una irreverente comedia romántica construida, de manera frenética y calculada, a base de gags memorablemente incómodos (el de la cremallera, el de la gomina, …). Los Farrelly se fijan en la comedia de enredo de los 40 y en el humor negro de los 70 para confeccionar un argumento con suficiente ritmo, giros y sorpresas para mantener la atención; pero su estupendo reparto es quien eleva este material muy por encima de la media, gracias al entrañable pateticismo de Ben Stiller, la atractiva candidez de Cameron Díaz y su impagable plantel de tronchantes secundarios (Matt Dillon, Chris Elliott, Lee Evans o Sarah Silverman).

Trece años después de su catastrófica cita para el baile de graduación del instituto, Ted (Ben Stiller) contrata a un detective privado (Matt Dillon) para que encuentre a Mary (Cameron Díaz), de la que aún sigue enamorado.

Políticamente incorrecta, irrespetuosa e incluso de mal gusto (no hay tabúes contra los que no arremetan: masturbación, zoofilia, discapacitados, …), “Algo pasa con Mary” abrió el camino a toda una serie de comedias que poco a poco iban ampliando lo que se consideraba normal (como “American Pie”, 1999, “Scary Movie”, 2000, o sus numerosas secuelas) en cuestión de comedia cinematográfica. Esto hace que hoy día su humor grosero pueda resultar superado; pero aún así sigue conservando un carisma desvergonzado y fresco que la hace un entretenimiento de primera. Acompañados por una suerte de coro de comedia griega, Bobby y Peter Farrelly (como directores, productores y guionistas) nos delatan su fondo clasicista a la vez que configuran una colección de momentos descarados que aún hoy día provocan tantas pasiones como odios.

 

– Para los que aprendieron incorrección durante los 90.

– Imprescindible para interesados en comedias románticas irreverentes.

 

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