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Antes de la llegada de Almodóvar, Carlos Saura (“Cría cuervos”, 1976, o “Carmen”, 1983) se convirtió en el director más premiado del cine español gracias a incisivas alegorías políticas sobre la sociedad franquista como “La caza” (1966) o “Ana y los lobos”, donde con la colaboración del guionista maestro de la sátira Rafael Azcona (“El pisito”, 1958, “Plácido”, 1961, o “El verdugo”, 1963) pone de relieve la intransigencia, la ignorancia y la hipocresía del tardofranquismo por medio del contraste con una manera de pensar, en principio, más libre y moderna. Así, “Ana y los lobos” es un drama simbólico con el que Saura hace un repaso del despotismo militar, la represión sexual y la doble moral de la Iglesia; trasladando al espectador a un escenario aislado y viciado, dominado por una madre que vive en el pasado, donde la llegada de ciertos aires progresistas desata una serie de situaciones abiertas a numerosas interpretaciones.

Ana (Geraldine Chaplin, en su quinta, de nueve, colaboración con Saura) es una joven institutriz que se traslada a una mansión en España para cuidar a tres niñas. Los problemas surgen cuando los adultos comienzan a sentirse atraídos por ella.

Con inteligencia y contundencia, Saura evitó a la aún incordiante censura convirtiendo a personajes, lugares, acciones, pensamientos y emociones en metáforas malintecionadas; estructurándolo todo con acierto en una trama que también se mira en muchas de las constantes del cine español (lo rural, el erotismo, la familia, …). Pero “Ana y los lobos” no es solo un agudo ensayo socio-político a base de simbolismos; además reunió un impagable grupo de innovadores talentos en cada uno de sus campos: Luis Cuadrado, Teo Escamilla (como cámara, antes de saltar a la dirección de fotografía), Luis de Pablo o Jaime Chávarri (insólitamente como director artísico), bajo la siempre comprometida producción del imprescindible Elías Querejeta. Ya sin Azcona, Saura hizo una especie de secuela (“Mamá cumple 100 años”, 1979), aminorando el contenido dramático en beneficio de la comedia, pero sin rebajar lo metafórico y crítico. Para interesados en el ‘Nuevo Cine Español’. Imprescindible para amantes de las alegorías socio-políticas.

 

– Para interesados en el ‘Nuevo Cine Español’.

– Imprescindible para amantes de las alegorías socio-políticas.

 

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