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Uno de los los grandes hitos del cine de terror de serie B de los años 80. “Basket Case” (titulada en España “Dónde te escondes hermano?”) está interpretada mediocremente; la realización de Frank Hennenlotter (“Brain Damage”, 1988, “Frankenhooker”, 1990, o el documental “That’s Sexploitation!”, 2013) es torpe, aunque es uno de esos románticos del gore por el que no se puede tener más que cariño; los diálogos y las situaciones tópicas y los efectos especiales cutres. Pero aún así es una de esas joyas para públicos selectos que sirven de modelo a todo un género y a toda una época; una bizarra variación del tema del ‘gemelo diabólico’ (y del subgénero de ‘busco-venganza-del-médico-que-me-deformó’) cimentada en una inverosímil lucha entre los polos opuestos de la mente humana; un mugriento festín encantador, contado con una inusual gravedad, que desborda imaginación enfermiza y consigue transmitir su amor por el ‘cine freak sangriento’.

Duane Bradley (Kevin Van Hentenryck) nació pegado a su hermano Belial, un ser deforme y malintencionado. Su madre murió en el parto y su padre hizo que los separaran en contra de su voluntad. Duane viaja Nueva York con su hermano escondido en una cesta para vengarse de los doctores que los separaron.

Para regocijo de los amantes del cine de género (descacharrante mezcla de comedia, terror y drama psicológico), el insobornable Hennenlotter, con buenas dosis de suspense y mala leche, aprovecha el desparpajo y la extravagancia de su propio guión para dar rienda suelta a toda una serie de afectadas interpretaciones psicologistas del mito de Jekyll y Hyde, que inevitablemente acabarán en un festival de casquería y fluidos. Puro cine underground de autor, divertido y grotesco, ridículo y entrañable; con un ínfimo presupuesto pero con una sombra muy alargada que dio lugar a dos descacharrantes secuelas tardías (en 1990 y 1991) en las que se nos presentaban (con bastantes más medios técnicos) a toda una serie de monstruos deformes y a los malintencionados hijos de Belial, perfectas para una tarde de domingo.

 

– Para nostálgicos de ‘Noche de Lobos’.

– Imprescindible para los aficionados modernos al cine de terror barato que no conocen los más dignos antecedentes.

 

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