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Además de hacer popular el cine de época japonés en occidente con obras maestras como “Rashomon” (1950), “Los siete samuráis” (1954) o “Yojimbo” (1961), el realizador Akira Kurosawa también cultivó con habilidad y acierto el cine policíaco. Y es que Kurosawa se miraba en el cine negro clásico americano a la vez que abría nuevos caminos en el cine nipón gracias a maravillas cinematográficas cargadas de perdedores, desgraciados, gangsters, jugadores y criminales como “El ángel ebrio” (1948), “El infierno del odio” (1963) o “El perro rabioso”; con la que sumerge al espectador en los bajos fondos de Tokyo demostrando su virtuosidad técnica, artística y narrativa. Kurosawa produce, escribe y dirige este thriller que además, inspirándose en “La ciudad desnuda” (Jules Dassin, 1948) y en las obras de Georges Simenon, se convirtió en uno de los films pioneros en el drama policial (o policiaco-procesal), que buscaba el realismo en sus situaciones cotidianas y trataba de abarcar diversos aspectos en sus tramas.

El film sigue la búsqueda por parte de un joven detective de policía (Toshiro Mifune) del arma que ha perdido. Lo acompañará un policía veterano (Takashi Shimura).

Pero “El perro rabioso” no solo tiene un intrigante y entretenido argumento (considerado precursor del subgénero de ‘buddy movies’), una sofocante y tenebrosa puesta en escena (que homenajea los encuadres e iluminación del cine negro de los 40) y una excelente pareja protagonista; sino que también funciona como impagable retrato social del Japón de posguerra, mostrando la pobreza y la desorientación moral de los barrios más deprimidos (acercándose a vanguardias contemporáneas como el Neorrealismo italiano). Así, el sentimiento de culpa del protagonista, intentando mantener a flote un honor que se erige como lo más importante, es también el de una nación herida que resultó perdedora en el conflicto bélico más importante del siglo XX; el de los soldados que volvían del frente y tenían que integrarse a una sociedad que no era la misma que habían dejado años atrás.

 

– Para amantes del mejor cine negro clásico y de la cultura japonesa y el cine policíaco.

– Imprescindible para los que crean que Kurosawa solo hacía películas de samuráis.

 

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