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Ambientada en uno de las instituciones de artes escénicas más importantes de la época (la neoyorquina The High School of Performing Arts), “Fama” se convirtió en un enorme éxito de taquilla que dio lugar a una popular serie (“Fama”, 1982-87) y puso de moda los dramas musicales contemporáneos (“Flashdance”, 1983, o “Footloose”, 1984); además de en uno de los iconos cinematográficos más importantes de los 80 para cualquier joven aspirante a músico, cantante, actor o bailarín. “Fama” es un original drama coral, repleto de música y arte, que nos sumerge con un realismo despojado de glamour (pero cargado de pasión) en el bullicio de una escuela repleta de sueños, ambiciones, complejos y miserias; gracias al buen trabajo de puesta en escena y dirección de actores del versátil Alan Parker (“El expreso de medianoche”, 1978, “Pink Floyd: The Wall”, 1982, o “Arde Mississippi”, 1988), un guión que sabe de lo que habla (Christopher Gore), la pegadiza y vitalista banda sonora de Michael Gore (logró dos Oscars, incluido el de mejor canción: ‘Fame’) y una serie de excelentes números musicales.

“Fama” sigue los pasos de diversos alumnos (Irene Cara, Lee Curreri, Paul McCrane o Gene Anthony Ray) de una escuela de artes desde las audiciones para ingresar hasta la graduación cuatro años después.

Tal vez “Fama” decaiga un poco en las melodramáticas historias personales de los protagonistas fuera de la escuela, pero esto no evita que sea un entrañable y entretenido testimonio no solo de una época sino de un momento vital (la adolescencia/juventud) de efervescencia creativa, emociones a flor de piel e ideales inquebrantables; un auténtico hito del musical ochentero. La ciudad de Nueva York actúa como abarrotado y carismático escenario donde confluyen las más diversas culturas, personalidades y maneras de pensar; dando al film un tono cosmopolita perfecto para su reflexión (no siempre certera) sobre las aspiraciones a formar parte del mundo del espectáculo. Alan Parker volvió al cine musical realista con la excelente, y muy diferente, “The Commitments” (1991).

 

– Para amantes de los musicales contemporáneos.

– Imprescindible para cualquier adolescente que quiera ser ‘artista’.

 

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