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Basada en un relato corto de Frank Rooney (que a su vez se inspiraba en hechos reales), “Salvaje” fue la primera película que llevó al cine la entonces recién surgida cultura de las bandas de moteros; anticipándose a la popularidad que este subgénero tendría en los 60 (a partir sobre todo de “Los ángeles del infierno”, 1966, de Roger Corman). Rodada con profesionalidad pero con escasa personalidad por el húngaro Laslo Benedek (“La muerte de un viajante”, 1951, o “El visitante nocturno”, 1971), fue la interpretación del joven Marlon Brando (entre las dos obras maestras de Elia Kazan “Un tranvía llamado deseo”, 1951, y “La ley del silencio”, 1954) la que atrajo todas las miradas, incluidas las de James Dean o Elvis Presley; convirtiendo al protagonista en un icono del siglo XX, con su Triumph Thunderbird 6T, sus patillas, su chaqueta de cuero, su gorra, sus modales de tipo duro y su papel decisivo en la consagración del método del Actor’s Studio.

El film sigue a una banda de moteros liderada por Johnny Strabler (Marlon Brando). En un pequeño pueblo se encontrarán con una banda rival. Johnny no tardará en enfrentarse a Chino (un aún novato Lee Marvin), el jefe de esta.

“Salvaje” no es una obra maestra, pero si es un entretenido e interesante retrato de la juventud airada de los 50 (tiene drama, acción, romance e intriga), de la delincuencia juvenil y la rebeldía avivada por el alcohol, el jazz y el rock & roll (aunque Elvis no debutaría hasta 1954); de una generación que simbolizó la pérdida de la inocencia en EE.UU. tras la II Guerra Mundial y el primer paso hacia la actitud antisistema de los 60. Aunque hoy día estamos bastante inmunizados ante el contenido de las películas, “Salvaje” supuso un pequeño escándalo en el momento de su estreno (en Gran Bretaña no se estrenó hasta 1967), no solo debido a su contenido violento, sino también a ese inconformismo exultante que los jóvenes ‘beat’ de la época estaban deseosos de absorber. Un film de culto que creó escuela y que nos propone preguntarnos quién es el verdadero ‘salvaje’ en una sociedad puritana y desencantada.

 

– Para coleccionistas de iconos cinematográficos.

– Imprescindible para moteros cinéfilos.

 

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