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Curtido como realizador exclusivo de videos para el grupo ABBA, el sueco Lasse Hallström llamó la atención de la crítica internacional gracias a la entrañable “Mi vida como un perro” (1985), por la que fue nominado a dos Oscars (dirección y guión); así que no tardó en dar el salto al cine USA, desarrollando su elegante emotividad y su sensibilidad nostálgica en éxitos como “Las normas de la casa de la sidra” (1999), “Siempre a tu lado (Hachiko)” (2009) o “¿A quién ama Gilbert Grape?”, un interesante drama rural/familiar sobre la dificultad de alcanzar los sueños y derribar barreras. La melancólica delicadeza de Hallström se adapta perfectamente a la monótona y vacía América profunda; contando además con jóvenes y talentosas estrellas como Depp, Lewis o un Leonardo DiCaprio (a punto de estrenar su primer protagonista: “Vida de este chico”, 1994) que se llevó casi todos los alagos interpretativos, incluida su primera nominación al Oscar (como secundario).

La familia Grape vive en el pequeño pueblo de Endora, Iowa, donde nunca pasa nada interesante. El hermano mayor, Gilbert (Johnny Depp), ha de llevar las riendas de la familia tras la muerte de su padre. Pero su vida cambiará con la llegada de Becky (Juliette Lewis).

Basada en la primera novela del dramaturgo, director y productor Peter Hedges (autor también del guión), “¿A quién ama Gilbert Grape?” despliega su historia de romances iniciáticos, marginación familiar y desórdenes psicológicos en una atmósfera envuelta en cierto realismo mágico, genialmente construida (magnífica fotografía del mítico Sven Nykvist, habitual de Ingmar Bergman) entre el intimismo de su trama y la epicidad de sus paisajes. Hallström y Hedges no necesitan recurrir a sensiblerías pretenciosas para conmover al espectador, les basta con asomarse con cariño al costumbrismo idealizado (entre la comedia y el drama) y la tragedia cotidiana que impregna a unos personajes a cargo de secundarios de lujo como Mary Steenburgen, John C. Reilly o Crispin Glover) y situaciones capaces de transmitir tanto el hastío existencial como la fuerza de las ilusiones.

 

– Para lo que creen que Leonardo DiCaprio empezó con “Titanic”.

– Imprescindible coleccionistas de joyas de culto de los 90.

 

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