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Durante los años 80 además de dirigir algunos de los grandes hitos cinematográficos del cine adolescente de la década (“Dieciséis velas”, 1984, “El club de los cinco”, 1985, “La mujer explosiva”, 1985, y “Todo en un día”, 1986), John Hughes también escribió y produjo joyas del género como “La chica de rosa”, una divertida e inteligente comedia romántica que adapta el cliché clásico del triángulo amoroso a los tiempos de la New Wave. El hasta entonces director de videos musicales Howard Deutch (que repetiría con Hughes en “Una maravilla con clase”, 1987, y “Dos cuñados desenfrenados”, 1988) fue el encargado de imprimir al film ese estilo ágil y moderno que la MTV había puesto de moda; que en conjunción con un entrañable reparto de estupendos actores (no todos jóvenes); y el existencialismo juvenil, los sentimientos reconocibles y las bromas facilonas del director de “Mejor solo que mal acompañado” (1987); dio como resultado una de los más recordadas e influyentes películas de la época.

Andie Walsh (Molly Wiongwald) es una joven que vive con su padre (Harry Dean Stanton) en un barrio pobre de Chicago. Su mejor amigo Duckie (Jon Cryer) está enamorado de ella, aunque ella se fijará en el adinerado Blane (Andrew McCarthy).

Hughes traslada un argumento de comedia shakesperiana a los suburbios de Chicago, impregnándolo todo con su melomanía post-punk (el título original ‘Pretty in Pink’ es una canción de The Psychedelic Furs) y su conocimiento de los resortes emocionales de la adolescencia; construyendo una edulcorada trama (algo más dramática que sus films como director) que agutina temas tan diversos como las diferencias de clase, el amor no correspondido, la depresión o la marginación. “La chica de rosa” es una de esas joyas de culto para nostálgicos de los 80 que da al espectador todo lo que promete: un cuento contemporáneo de príncipes, princesas y bufones, trajes estrafalarios (tipo Cyndi Lauper), romances de instituto y la ‘reina del baile’ del cine de la década: Molly Ringwald); que además funciona como estereotipada pero impagable ventana a aquella época.

 

– Para coleccionistas de clichés de los 80.

– Imprescindible para gourmets de la comedia romántica.

 

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