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Productor (“El ídolo de barro”, 1949, o “El motín del Caine”, 1954) antes que realizador (“¿Vencedores o vencidos?”, 1961, o “Adivina quién viene esta noche”, 1967), Stanley Kramer siempre estuvo interesado por temas polémicos como el racismo, la energía nuclear o la II Guerra Mundial; desarrollando una carrera que combinaba el estilo hollywoodiense con dilemas morales y crítica social, lo cual lo llevó a ser sospechoso de comunista. “La herencia del viento” es un original drama judicial, basado en hechos reales, que trata el eterno enfrentamiento entre razón y fe a través del conflicto (increíblemente aún vigente) entre creacionistas y evolucionistas; aunque sus intenciones van más allá, ya que el film es una crítica a la ‘Caza de Brujas’ anti-comunista que el senador McCarthy llevó a cabo durante los 50, un alegato a favor de la libertad de pensamiento.

En un pequeño pueblo de Tennessee, el maestro Bertram Cates (Dick York) es acusado de infringir una ley que prohibía enseñar las teorías de Darwin en las escuelas. En el juicio se enfrentarán el abogado Henry Drummond (Spencer Tracy) y el conservador Matthew Brady (Fredric March).

Aunque el espectador actual tal vez eche de menos más choque entre ciencia y religión, ya que el guión de Nedrick Young y Harold Jacob Smith (oscarizados por “Fugitivos”, 1958, también de Kramer) intenta ser más bien integrador entre ambos paradigmas; “La herencia del viento” tiene también otros alicientes que aseguran el entretenimiento y la calidad. Stanley Kramer consiguió unir en la pantalla a los dos únicos actores que habían ganado dos Oscars como protagonista (al menos hasta la llegada de Tom Hanks), regalándonos uno de los mejores duelos interpretativos de la historia de Hollywood; además de contar con un gran plantel de secundarios (Gene Kelly, Harry Morgan, Claude Akins, Dick York, …). Así, “La herencia del viento” se convierte en una película que se ve con facilidad, con buena fotografía y banda sonora, buenos actores y una realización solvente; pero también en una herramienta para fomentar el debate, la duda y el pensamiento.

 

– Para comenzar un sano debate entre ciencia y religión.

– Imprescindible para buscadores de cineastas controvertidos en el seno del Hollywood clásico.

 

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