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Considerado una de las piezas fundamentales para entender la tragedia del célebre trasatlántico, el libro de no-ficción “A Night to Remember” (su autor, Walter Lord, fue consultor de James Cameron en “Titanic”, 1997) se convirtió poco después de su publicación (1955) en esta minuciosa y realista superproducción británica que se alejaba de los estándares hollywoodienses para mostrarnos casi en tono documental los hechos acontecidos durante la última noche que el Titanic pasó a flote. Dirigida, antes de convertirse en uno de los realizadores estrella de la productora de terror de serie B Hammer Films, por el sólido artesano Roy Ward Baker (“Niebla en el alma”, 1952, “¿Qué sucedió entonces?”, 1967, o “La bóveda de los horrores”, 1973) y escrita por el novelista Eric Ambler (nominado al Oscar por un film de aventuras bélicas en alta mar: “Mar cruel”, 1953); “La última noche del Titanic” nos sumerge con afán de reconstrucción histórica y un magnífico sentido de la tensión cinematográfica en uno de los episodios más icónicos y simbólicos del siglo XX.

La noche del 14 de abril de 1912, cuatro días después de partir de Southampton, el RMS Titanic impactó con un iceberg en pleno Océano Atlántico.

A pesar de que podemos considerar que “La última noche del Titanic” se adelantó más de una década a la moda del cine de catástrofes, lo cierto es que el film de Roy Ward Baker prescinde de muchos de los clichés que dominaron el subgénero posteriormente (no hay grandes estrellas, por ejemplo); sustituyendo la consabida historia de amor y las licencias sensacionalistas por un relato coral sobre el espíritu de supervivencia de la humanidad, una aguda reflexión en torno a las clases sociales y una concepción del desastre como un cúmulo de errores humanos. La cuidada fotografía en blanco y negro del gran Geoffrey Unsworth (“2001: Una odisea del espacio”, 1968, o “Cabaret”, 1972), los aceptables efectos especiales y la emocionante partitura de William Alwyn (“Larga es la noche”, 1947, o “El temible burlón”, 1952) también ayudan a convertir la película en una experiencia única.

 

– Para interesados en el cine de catástrofes más realista.

– Imprescindible para buscadores de los docudramas más espectaculares.

 

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