CINEBLOG.NET

 

Aunque nunca volvería a alcanzar el éxito de crítica y público logrado con sus primeros films (“Granujas a todo ritmo”, 1980, o “Un hombre lobo americano en Londres”, 1981), el realizador John Landis siguió cultivando diversos palos del humor en joyas de culto de los videoclubs como “Espías como nosotros” (1985), “El príncipe de Zamunda” (1988), “Oscar ¡quita las manos!” (1991) o esta “Cuando llega la noche”, una entretenida comedia de peripecias nocturnas con forma de thriller criminal. En la misma línea (aunque sin su profundidad, amargura y ambiente kafkiano) que su contemporánea “Jo, qué noche” (Martin Scorsese, 1985), el film de Landis propone un delirante periplo nocturno que sirve como vía de escape de la alienante y aburrida vida (laboral y sentimental) de su protagonista; una irregular pero carismática sucesión de de persecuciones (esos torpes iraníes), gags (incluido un homenaje al cine mudo) y suspense (predecible, eso si) aderezada con toques de romance y drama.

Tras descubrir que su mujer le es infiel, Ed Okin (Jeff Goldblum), un ingeniero con insomnio, tropieza con Diana (Michelle Pfeiffer), una joven que lo meterá en numerosos problemas.

“Cuando llega la noche” mezcla con cariño diversos códigos del cine negro y de la comedia de enredo al ritmo de las ochenteras melodías sintetizadas de Ira Newborn (y el virtuosismo de B.B. King a la guitarra en los temas bluseros), en un ameno paseo turístico por muchos de los lugares característicos de Los Angeles (Hollywood, Beverly Hills, Rodeo Drive, …). Los cameos siempre han formado parte del imaginario cinematográfico de John Landis, llegando aquí a unos niveles excesivos (Santiago Segura hizo lo mismo en su saga de Torrente, apareciendo el propio Landis en “Torrente 3: El protector”, 2005): actores (Dan Aykroyd, Irene Papas, …), músicos (David Bowie, Carl Perkins, …), infinidad de directores (David Cronenberg, Jonathan Demme, Jim Henson, Don Siegel, …) y muchos más (Rick Baker, Forrest J. Ackerman, …) se asoman a este ocioso ejercicio de cinefília y melomanía que, eso si, cuenta con una inolvidable (y muy adecuada) pareja protagonista.

 

– Para buscadores de pequeñas joyas de los 80.

– Imprescindible para coleccionistas de cameos cinematográficos.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies