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Adquirido prestigio como realizador a sueldo para diversos estudios, Anthony Mann (“Ejecutor”, 1948, o “El Cid”, 1961) abandonó la ‘serie B’ para convertirse durante los 50 en uno de los grandes directores del western; utilizando el género para desarrollar una serie de temas poco habituales y explorar la psicología de personajes enfrentados a situaciones límite. Aunque pasó sin pena ni gloria por las salas estadounidenses, sin lograr la repercusión de sus trabajos junto a James Stewart (“Winchester 73”, 1950, “Colorado Jim”, 1953, o “El hombre de Laramie”, 1955), “El hombre del Oeste” si que llamó la atención de la crítica europea, que alagó su originalidad y su atmósfera; convirtiéndose con los años en una pieza de culto imprescindible de la época del western clásico. Y es que tras un inicio que se mueve por los tópicos del género (el misterioso forastero, la irrupción de la modernidad, …), “El hombre del Oeste” deviene en tenso thriller, entretenido y complejo, con los desolados parajes tejanos como simbólico escenario.

Link Jones (Gary Cooper) es el encargado de ir a la ciudad de Fort Worth para contratar a una maestra para su pueblo. Pero por el camino pasará algo que hará salir a la luz su pasado.

“El hombre del Oeste” tiene asaltos a trenes, peleas a puñetazos y tiroteos, pero el guión de Reginald Rose (“12 hombres sin piedad”, 1957) también funciona como una historia de redención con tintes shakesperianos (cercana a “El Rey Lear”, 1604); como un western criminal aparentemente sencillo (pocos escenarios, una trama sin adornos, apenas media docena de personajes, …) pero de gran calado psicológico. Pero también tenemos la impecable producción de Walter Mirisch (oscarizado por “En el calor de la noche” , 1967); la melancólica partitura de Leigh Harline (doblemente oscarizado por “Pinocho”, 1940); el gran trabajo de fotografía de Ernest Haller (oscarizado por “Lo que el viento se llevó”, 1939), tanto en tétricos interiores como en los luminosos exteriores; y las interpretaciones de iconos como Gary Cooper o Lee J. Cobb (perfectamente secundados).

 

– Para los que echan de menos el cine clásico del oeste.

– Imprescindible para entender la evolución del western.

 

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