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Atraído por unas imágenes submarinas del Polo Sur que el compositor y guitarrista de jazz Henry Kaiser le mostró durante el rodaje de “Grizzly Man” (2005), el incansable veterano Werner Herzog (“Aguirre, la cólera de Dios”, 1972, o “Fitzcarraldo”, 1982) comenzó a planear un viaje a los confines del mundo que se convertiría en “Encuentros en el Fin del Mundo”; un documental que combina con la gravedad e inteligencia habituales de Herzog la Naturaleza con las reflexiones filosóficas, la aventura con el existencialismo. Con la única compañía del director de fotografía Peter Zeitlinger (colaborador de Herzog desde “Mi enemigo íntimo”, 1999), el realizador alemán se adentra en la Antártida con intención de profundizar en la condición humana a través de impresionantes paisajes, secuencias de gran belleza, testimonios tan surrealistas como humanos y la atenta observación del comportamiento animal.

Narrado por el propio Herzog, el film comienza ya con el aviso de que no vamos a ver un documental de animales al uso. Su estancia en la Antártida lo llevan a un centro de investigación, al interior de un volcán o las gélidas aguas bajo el hielo.

En menos de dos semanas y de una manera casi improvisada (no sabía exactamente qué iba a rodar, ni con quien iban a hablar), Herzog nos sumerge en comunidades aisladas (personas, pingüinos, …) pensando acertadamente que sin las distracciones del frenético ‘mundo civilizado’ se podrá apreciar mejor la naturaleza humana; además de convertir su interesante y didáctico periplo por la Antártida en una suerte de metáfora (visual y conceptual) de nuestro mundo interior. Así, aún en un registro ligeramente distinto al de sus films anteriores, Herzog explora con “Encuentros en el Fin del Mundo” muchos de los temas habituales de su filmografía: las relaciones del hombre con la Naturaleza, la lucha entre lo puramente biológico y lo impuesto socialmente, los individuos antisociales o diferentes (inolvidable la secuencia del pingüino), …; impregnándolo todo de cierta poesía existencial, avivada por la cavernosa voz de Herzog.

 

– Para los que sabe que el mundo es la perfecta metáfora del ser humano.

– Imprescindible para coleccionistas de documentales diferente.

 

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