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Biotecnología, escenarios sórdidos y mugrientos, exploración de los límites de la locura, ironía enfermiza, un viscoso humor negro y la relación de interdependencia entre realidad y ficción; temas y elementos idóneos para el que podríamos considerar el último film de David Cronenberg como ‘Rey de la Nueva Carne’, título que se ganó a finales de los 70 y principios de los 80 con obras de culto como “Vinieron de dentro de…” (1975), “Scanners” (1981) o “La mosca” (1986). “eXistenZ” es un thriller conspiranoico con trasfondo de ciencia-ficción y un grimoso diseño artístico (que recuerda a las obras de H.R. Giger) donde Cronenberg desarrolla sus temas habituales (corporaciones sin piedad, la relación/fusión entre hombres y máquinas, una grotesca sexualidad, …) adelantándose a la explosión de los video-juegos inmersivos y la realidad virtual que llegaría en el siglo XXI.

El joven Ted Pikul (Jude Law) y la diseñadora de juegos Allegra Geller (Jennifer Jason Leigh), huyen después de que alguien atente contra ella con una pistola biológica.

Aunque no alcanzó el nivel de sus mejores obras, en su último guión original (primero desde “Videodrome”, 1983, con la cual tiene numerosos nexos de unión), Cronenberg establecía diversos niveles de realidad propiciando un intrigante juego metanarrativo que tal vez cierra de una manera excesivamente convencional. Con los ‘orificios’ como simbolismo principal con el que vertebrar su tramposa trama, “eXistenz” contiene grandes dosis de un erotismo malsano (explotado en films como “Inseparables”, 1988, o “Crash”, 1996) que trasciende el sexo entre personas para indagar en la relación del ser humano con esas siniestras consolas biomecánicas; extrapolable fácilmente al uso que le damos a las nuevas tecnologías. Aunque desaprovechados, “eXistenZ” cuanta con excelente secundarios (Christopher Eccleston, Sarah Polley, Willem Dafoe o Ian Holm), además de la inquietante banda sonora de Howard Shore o la lúgubre fotografía de Peter Suschitzky (ambos colaboradores habituales de Cronenberg) corroboran la pertenencia al personal universo del director.

 

– Para amantes de las distopías tecnológicas.

– Imprescindible para adictos a la ciencia-ficción y los video-juegos.

 

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