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Aunque Florián Rey se convirtió en el más exitoso director del cine español anterior a la Guerra Civil (derrotando en las taquillas de los albores del cine sonoro a las producciones que venían de EE.UU.) gracias a films populares protagonizados por la estrella folclórica Imperio Argentina (“La hermana San Sulpicio”, 1934, “Nobleza baturra”, 1935, o “Morena Clara”, 1936); también es el responsable de “La aldea maldita”, considerada la cima del cine mudo ibérico (aunque existió una desaparecida versión sonora). “La aldea maldita” es un trágico drama rural costumbrista donde Florián Rey volcó su interés por los grandes directores de la época (D.W. Griffith, S.M. Eisenstein, F.W. Murnau, …) y las primeras vanguardias cinematográficas (el expresionismo alemán, las teorías soviéticas sobre el montaje, …); logrando un amargo y poderoso retrato de la España de principio de siglo.

El film se divide en dos partes diferenciadas. En la primera mitad vemos las penurias de un pueblo castellano a comienzos de siglo, azotado por la sequía y el hambre. En la segunda mitad, tras tener que emigrar a la ciudad, volvemos a encontrarnos a los personajes años después.

Como director, guionista y productor, Florián Rey desarrolla en “La aldea maldita” uno de los temas clave del siglo XX (de la modernidad y la industrialización): el éxodo del campo a la ciudad; y lo hace con una puesta en escena magnífica (y unas estupendas interpretaciones), trasmitiendo emociones y sensaciones tanto en sus primeros planos como en sus bellas panorámicas . A pesar de estar ambientada unas décadas antes, este realista y cruel melodrama es también un impagable testimonio de las miserias, costumbres, problemas y mentalidades de la época; mostrándonos el denostado papel de la mujer, la pobreza o su trasnochado sentido del honor. El hecho de que Rey se alejase de las maneras estereotipadas del cine español de cantaoras y toreros (que después reinaría en el cine español durante el franquismo) no evitó que “La aldea maldita” se convirtiese en un éxito de taquilla.

 

– Para amantes de los grandes dramas rurales.

– Imprescindible para coleccionistas de obras maestras del cine mudo.

 

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