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Antes de trasladarse a EE.UU. (donde rodó clásicos como “Esta tierra es mía”, 1943, o “El río”, 1951), el realizador parisino Jean Renoir ya era uno de los más importantes directores europeos de la época; por sus aportaciones al naturalismo poético francés (“La golfa”, 1931, o “Los bajos fondos”, 1936) y por una serie de obras maestras (“La gran ilusión”, 1937, o “La regla del juego”, 1939) donde volcó sus preocupaciones socio-políticas ante el auge de los totalitarismos en Europa. Dotada de gran realismo y enorme habilidad narrativa y estética (la profundidad de campo, los planos subjetivos, …), “La bestia humana” pertenece a esta última vertiente; un drama psicológico con argumento de cine negro (basado en la obra homónima de Émile Zola) que profundiza en los más oscuros pormenores de la condición humana a través de un relato realista y fatalista de las miserias, deseos y obsesiones de las clases menos favorecidas.

Jacques Lantier (Jean Gabin) es un maquinista obsesionado por la locura y el alcoholismo de su pasado familiar. Lantier se enamorará de Sévérine (Simone Simon), una mujer casada.

“La bestia humana” nos habla de temas abstractos como el destino o la pasión, pero también de crimen y desigualdades de clase; configurando unos personajes complejos (más allá de los estereotipos que representa: el perdedor, la femme fatale, el cornudo, …) y unas situaciones que encaminan la trama hacia un discurso que enfrenta cruel e inevitablemente los instintos primarios con las convenciones sociales de la época. Muy presente desde el nacimiento del cine, el mundo de los trenes (con su fuerza bruta y su inevitable rumbo) funciona como perfecta metáfora del intenso y turbulento mundo interior del protagonista, a la vez que como parábola de la sociedad (con su división en vagones de 1ª y 2ª clase, con las clases obreras tirando de todos desde la locomotora). Excelente actuaciones, buenos apartados técnicos y artísticos y la siempre original (e influyente) realización del maestro Renoir, son razones suficiente para asomarse a “La bestia humana”.

 

– Para coleccionistas de turbios romances criminales.

– Imprescindible para apreciar la modernidad avanzada a su tiempo del gran Jean Renoir.

 

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