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Aunque fue el éxito del drama de época “Las amistades peligrosas” (1988) lo que le había abierto las puertas de Hollywood, el británico Stephen Frears (“Alta fidelidad”, 2000, o “La reina”, 2006) también ha demostrado su gusto por los thrillers turbios, estilizados y tramposos; desde los soleados parajes castellanos de “La venganza” (1984) al inquietante Londres de “Negocios ocultos” (2002), pasando por los ambientes californianos de “Los timadores”, un entretenido drama criminal que se aleja del habitual glamour de los relatos de buscavidas y estafadores para ofrecernos una amarga exploración del complejo de Edipo. Aunque peca de un tanto superficial, el guión del especialista en el género Donald E. Westlake (basado en una novela de Jim Thompson, autor de “La huida”, 1972) ofrece suficientes giros, timos, sexo y tragedia para convertirla en una de las más reivindicables joyas del neo-noir de los 90.

El film sigue los pasos a Roy Dillon (John Cusack), un timador de segunda; su madre (Angelica Huston), que se dedica a hacer apuestas para la mafia; y su novia (Annette Bening), una prostituta que sueña con dar golpes más grandes.

Pero “Los timadores” no es simplemente un buen ejemplo de cine criminal bien realizado y producido (por Martin Scorsese), sino que cuenta con un excelente trío protagonista (y un puñado de jugosos secundarios), diálogos irónicos (que le imprimen algo de humor negro) y una juguetona e intrigante banda sonora del maestro Elmer Bernstein que provocan una atmósfera de sospecha constante. Pero en el fondo “Los timadores” es una historia sobre la familia, un atípico triángulo amoroso que funciona como pesimista aproximación a las relaciones materno-filiares (con un buen tratamiento psicológico de los personajes), repleto de engaños, traiciones, secretos, crueldad y pocos escrúpulos. Desde su atractivo inicio (con ese montaje paralelo en forma de retablo) hasta su impredecible final, Westlake y Frears proponen un seco y desesperanzado viaje al mejor cine negro moderno (con ese barbilampiño perdedor viéndose las caras con dos femmes fatale de lujo).

 

– Para los que disfrutan con el cine de timadores.

– Imprescindible para interesados en el cine negro moderno.

 

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