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Para que las presiones del Comité de Actividades Antiamericanas liderado por el infame senador McCarthy no acabasen con su carrera, el realizador de origen griego Elia Kazan (“Un tranvía llamado deseo”, 1951, “La ley del silencio”, 1954, o “Esplendor en la hierba”, 1961) dio los nombres de numerosos colegas sospechosos de ser comunistas; lo que le ayudó a seguir haciendo películas, pero lo convirtió en una de las figuras más odiadas de Hollywood. El mismo año de aquella cobarde delación se estrenó “¡Viva Zapata!”, un drama histórico minucioso, poético y contundente que paradójicamente exaltaba la figura de Emiliano Zapata (icono de la revolución anti-capitalista, partidario de la propiedad comunal y la lucha social) a la vez que desarrollaba cierto discurso sobre la amenaza comunista que deforma las verdaderas intenciones de la Revolución Mexicana.

En México de principios del siglo XX, Emiliano Zapata (Marlon Brando) forma parte de un grupo que visita al presidente para exponer la penosa situación de los campesinos, a los que los terratenientes han arrebatado sus tierras.

Pero al margen de sus complejos componentes ideológicos, “¡Viva Zapata!” supone una inigualable conjunción de talentos que solo podía darse en el Hollywood clásico. A la demostrada habilidad en la puesta en escena de Kazan hay que añadir un guión realista y emocionante (que se tomaba diversas licencias, eso si) escrito por el futuro premio Nobel (1962) John Steinbeck; las intensas interpretaciones de Marlon Brando y Anhony Quinn (que logró su primer Oscar como secundario); la épica y romántica banda sonora del legendario Alex North; o el excelente trabajo de iluminación de Joseph MacDonald (que se inspiraba en las fotos del reportero fotográfico mexicano Agustín Víctor Casasola); todo bajo la esmerada producción del ambicioso Darryl F. Zanuck (“Las uvas de la ira”, 1940, de John Ford o “Eva al desnudo”, 1950, de Joseph L. Mankiewicz). En definitiva, “¡Viva Zapata!” es un magnífico espectáculo, hijo de su tiempo, una suerte de western con contenido social, polémico, profundo y artístico.

 

– Para coleccionistas de joyas ‘complejas’ del Hollywood clásico.

– Imprescindible para amantes del cine con trasfondo político-ideológico.

 

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