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Tras los solventes resultados de “Los crímenes de Oxford” (2008), su segunda aventura angloparlante (la primera fue “Perdita Durango”, 1997), y una incursión televisiva (“Pluton B.R.B. Nero”, 2008-09); Álex de la Iglesia (“El día de la Bestia”, 1995, “800 balas”, 2002, o “El bar”, 2017) volvió a demostrar porqué es el realizador que mejor ha sabido combinar la historia, cultura e idiosincrasias españolas con una pasión insobornable por el cine de género. De la Iglesia se acerca a la tradición patria de ‘películas de la Guerra Civil’ con una siniestra y barroca concepción estética, construyendo un inclasificable e impactante thriller psicológico con trasfondo circense donde desarrolla temas como la paternidad, los traumas, el maltrato, la locura o la violencia; aderezado todo con su habitual humor negro y su gusto por el gore y el cine de terror.

Durante los últimos años del franquismo, el film nos presenta un triángulo amoroso entre los payasos Javier (Carlos Areces) y Sergio (Antonio de la Torre) y Natalia (Carolina Bang), una trapecista.

Metáfora sangrienta y desequilibrada de la España franquista, “Balada triste de trompeta” nos sumerge en un escenario ‘post-apocalíptico’ con ciudades y personajes en ruinas, donde lo cruel y lo grotesco se entrelazan dando lugar a una acertada alegoría que le valió a de la Iglesia tres premios en Venecia (incluidos mejor director y guión). Nacida para ser amada u odiada; tal vez la narración resulte un tanto deslavazada, haya ‘agujeros’ de guión y el final no sea excesivamente original (de nuevo el director de “La comunidad”, 2000, recurre a las alturas para el clímax), pero su irresistible condición de ‘parabólico cine de género’, su entrañable plantel de secundarios (liderados por un escalofriante Antonio de la Torre) o su incuestionable fuerza visual son elementos suficientes para volver a demostrar que Álex de la Iglesia no es Bergman o Tarkovsky, pero si que es un auténtico maestro del cine de entretenimiento de calidad, un clásico español con tres décadas de honestidad e integridad cinematográfica a sus espaldas.

 

– Para asomarse al universo autoral de Álex de la Iglesia.

– Imprescindible para interesados en el mejor cine de género español.

 

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