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Pasada ya su época de estrella infantil y juvenil (en cine y televisión), Ron Howard desarrolló una interesante y exitosa carrera como director de cine comercial (“Willow”, 1988, “Apolo 13”, 1995, o “Una mente maravillosa”, 2001), cultivando con oficio y cariño diversos géneros populares. Por otro lado, especialista en mezclar aspectos mitológicos con entornos contemporáneos (“Los inmortales”, 1986, o “Ángeles y demonios”, 1995), el guionista Gregory Widen convierte la figura del bombero en una suerte de legendarios héroes modernos. Con “Llamaradas”, Howard y Widen no sólo lograron un entretenido thriller criminal, sino que además crearon una de las más recordadas ‘películas de bomberos’ de la historia del cine; con unos magníficos efectos especiales (a cargo de la Industrial Light & Magic de George Lucas), tan realistas como inverosímil su trama: una intriga dramático-policíaca con asesinos en serie, traumas del pasado y relaciones paternofiliares.

El film sigue los pasos de Brian (William Baldwin) y Stephen (Kurt Russell), dos hermanos bomberos de la ciudad de Chicago marcados por la muerte de su padre, también bombero, 20 años antes. A la vez, se están cometiendo una serie de asesinatos con el fuego como ‘arma’.

La escasa personalidad autoral de Ron Howard provoca que “Llamaradas” no sea un film verdaderamente sólido; pero también lo hace un producto muy accesible, un divertimento sin pretensiones, con las dosis correctas de drama, romance, suspense y espectáculo. Y es que cuenta con excelentes escenas de acción (unas de las mejores secuencias de incendios jamás rodadas); un atractivo reparto multitudinario a base de estrellas del momento y actores consolidados; la vibrante banda sonora de Hans Zimmer; o la característica fotografía de Mikael Salomon (poco antes de pasarse a la dirección), que le imprime ese tono tan noventero a la película. Tal vez “Llamaradas” tenga personajes prototípicos y situaciones manidas; pero sus numerosas virtudes (visuales, (piro)técnicas, …) hacen que la recordemos tres décadas después.

 

– Para buscadores de cine comercial bien hecho y reivindicable.

– Imprescindible para amantes del subgénero de incendios y bomberos.

 

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