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Después de 30 años y una heterogénea carrera que ha pasado por la comedia de terror (“Las brujas de Eastwick”, 1987), el drama basado en hechos reales (“El aceite de la vida”, 1992) o la animación 3D (“Happy Feet”, 2006); el director, productor y guionista australiano George Miller volvió a la franquicia que le había dado la fama con “Mad Max: Furia en la carretera”, una adrenalínica cinta de acción post-apocalíptica, soberbiamente rodada y producida. Miller coge los elementos más memorables de los films anteriores (las persecuciones de “Mad Max. Salvajes de autopista”, 1979, la lucha por los recursos naturales de “Mad Max 2”, 1981, o las nuevas sociedades y cultos de “Mad Max, más allá de la cúpula del trueno”, 1985) y confecciona una trepidante persecución automobilística que te tiene pegado a la pantalla durante dos horas, un impresionante ‘más difícil todavía’ visual, narrativo y pirotécnico.

Max (Tom Hardy) es capturado y utilizado como ‘bolsa de sangre’ para transfusiones por el ejército del líder local Immortal Joe (Hugh Keays-Byrne). A la vez, Imperator Furiosa (Charlize Theron), una guerrera que intenta huir de Immortan Joe con sus jóvenes esposas.

Pero las nuevas aventuras del antihéroe post-apocalíptico por excelencia no son solo un prodigio de vibrante cine de entretenimiento; sino que también desarrollan una serie de temas que dan profundidad y complejidad a la trama y a los personajes. “Mad Max: Furia en la carretera” es un contundente discurso feminista (muy ligado a una conciencia ecologista), con las mujeres luchando por su libertad y la de sus cuerpos; y una incisiva crítica social, con una clase poderosa controlando a la población (y los recursos básicos) a base de pan y circo. Repleta de personajes e imágenes inolvidables, este espectáculo automobilístico-matriarcal es una frenética tormenta de polvo y gasolina (que puede saturar a espectadores no dispuestos), parca en diálogos y abundante en emoción; con un uso modélico de los efectos digitales y una insana imaginación para crear situaciones límite a bordo de un camión.

 

– Para coleccionistas de parábolas apocalípticas.

– Imprescindible para los amantes de la acción automobilística.

 

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