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Ejemplo paradigmático del director de serie B, menospreciado, incomprendido e incluso censurado, que es recuperado años después y convertido en destacable realizador de culto; Seijun Suzuki (“Youth of the Beast”, 1963, “La puerta de la carne”, 1964, o “El vagabundo de Tokio”, 1966) dirigió durante los años 60 una serie de imaginativas producciones de bajo presupuesto que fueron aumentando en complejidad y excentricidad culminando en “Marcado para matar”, un thriller de acción influenciado por el éxito de James Bond y el cine negro clásico que consolidaba el iconoclasta estilo de Suzuki a base de deconstrucción narrativa, surrealismo y pop-art. “Marcado para matar” es cine de yakuzas con asesinos a sueldo, chicas guapas y tiroteos, personajes prototípicos y situaciones predecibles, puro cine de entretenimiento; pero también es cine de autor, radical, no-lineal y casi absurdo, con una estética impactante (en blanco y negro) y un trasfondo temático con lecturas a diferentes niveles.

Gorô Hanada (Jô Shishido) es el número #3 en el ranking de los mejores sicarios de Japón. Hanada acepta un trabajo que consiste en escoltar a alguien, pero pronto todo se complicará.

Convertida sin quererlo en una de las obras fundamentales de la Nueva Ola Japonesa (Shohei Imamura, Nagisa Oshima, Hiroshi Teshigahara, …), “Marcado para matar” también utiliza el cine criminal y su llamativa concepción visual para confeccionar una sátira (parodia irónica) tanto de los tópicos del género como de la propia industria cinematográfica nipona (en particular su tortuosa relación con la productora Nikkatsu, la cual consiguió que Suzuki no volviese a trabajar en el cine hasta una década después). Con pocos medios y las numerosas imposiciones de un estudio que lo despediría poco después (tiempo de rodaje, actores, guión, …), Seijun Suzuki pudo desarrollar una libertad creativa que terminaría convirtiéndolo en icono de la contracultura japonesa de los años 70; un film enrevesado y psicodélico, revisionista y vanguardista, al que tal vez cueste acceder, pero que será difícil de olvidar.

 

– Para coleccionistas de reinvenciones del cine negro clásico.

– Imprescindible para asomarse a la Nueva Ola Japonesa.

 

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