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Con un estilo visual marcado por los claroscuros expresionistas, el barroquismo de los escenarios, la exquisitez de sus encuadres y su contundente puesta en escena; Josef von Sternberg (“La ley del hampa”, 1927, o “La última orden”, 1928) se convirtió en uno de los directores más exitosos de la época de transición entre el cine mudo y el sonoro. Y es que von Sternberg sabía como tratar temas controvertidos (sobre todo en la época anterior a la implantación del Código Hays) a través de imágenes intensas y bellas; pero su espaldarazo definitivo vino con su asociación (dentro y fuera de la pantalla) con la estrella Marlene Dietrich, a la que descubrió (“El ángel azul”, 1930) y con la que rodó obras maestras como “El expreso de Shanghai” (1932) o “Marruecos”, un drama romántico con aires de cine de aventuras exóticas, estilizado, sensual, ambiguo y atrevido.

Durante la Guerra del Rif (1911-27), en la ciudad marroquí de Mogador, la cantante Amy Jolly (Marlene Dietrich) se convertirá en objeto del deseo del legionario Tom Brown (Gary Cooper) y del acomodado pintor Le Bessière (Adolphe Menjou).

Con “Marruecos”, von Sternberg (y el mítico guionista Jules Furthman, autor de clásicos como “El sueño eterno”, 1946, o “Río Bravo”, 1959) juega a intercambiar los roles de género masculino-femenino, desafiando convenciones sexuales a través del esquema tradicional de un triángulo amoroso y dejando para la posteridad alguna secuencia memorable (esa Dietrich vestida con frac, culminando un número musical con leve pero polémico beso lésbico). A las virtudes como realizador de von Sternberg (pionero también en el uso del sonido) o la solidez canónica del guión de Furthman; hay que añadir un trío protagonísta irrepetible, las emocionantes composiciones del húngaro Karl Hajos o la participación de mitos del cine hollywoodiense en sus primeros compases: el realizador Henry Hathaway (“Valor de ley”, 1969) a cargo de la segunda unidad o el director de fotografía Lucien Ballard (“Atraco perfecto”, de Stanley Kubrick, 1956) como asistente de cámara.

 

– Para establecer paralelismos con “Casablanca”.

– Imprescindible para estudiar las huellas del cine europeo en el Hollywood clásico.

 

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