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La carrera de Michael Cimino es una de las más exitosas, catastróficas y olvidadas de Hollywood; desde sus inicios como guionista (“Naves misteriosas”, 1972, de Douglas Trumbull), pasando por su consagración crítica y de público como autor, realizador y productor (“El cazador”, 1978), el monumental fracaso de “La puerta del cielo” (1980) y su escasos trabajos posteriores (“Manhattan Sur”, 1985, o “Sunchaser”, 1996). “Un botín de 500.000 dólares” supuso el debut de Cimino como director, una ‘road movie’ cómico-criminal que recogía varias tendencias de moda en el cine estadounidense de los 70 (coches, robos, ‘buddy movies’, …) y las presentaba en una suerte de western moderno (los nombres Thunderbolt y Lightfoot, pertenecen a unos famosos salteadores de caminos del siglo XIX) que desarrolla temas clásicos del género como la amistad masculina o el compañerismo.

Especializado en reventar cajas fuertes, Thunderbolt (Clint Eastwood) se une al joven Lightfoot (Jeff Bridges, nominado al Oscar al mejor secundario) para intentar conseguir uno de los botines más grandes de su carrera.

A pesar de sus persecuciones, tiroteos y explosiones, el film se eleva por encima del cine de acción más convencional gracias a su simpática y atractiva pareja protagonista (e inolvidables secundarios como Geoffrey Lewis, Gary Busey o George Kennedy) y un inteligente guión abundante en detalles y subtexto. “Un botín de 500.000 dólares” no es una película redonda, pero es capaz de entretenernos dignamente con su mezcla de drama, comedia y thriller por las largas carreteras de Montana, presentándonos los primeros compases del estilo autoral de un Cimino que pasó de los Oscars al olvido en un par de años; y dando forma a una historia que intentaba alejarse de los tópicos habituales del cine comercial (y del estilo reaccionario de John Milius, con quien Cimino había coincidido escribiendo “Harry el fuerte”, 1973) con sus desvaríos humorísticos y sus excentricidades genéricas. Un film representativo de los 70 que tras un solvente éxito se ha convertido en una obra de culto para el público moderno.

 

– Para amantes del cine criminal de los 70.

– Imprescindible para acercarse a los primeros años de dos estrellas como Eastwood y Bridges.

 

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