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Aunque no goce de la popularidad que tienen entre el público otros grandes hitos del cine negro de aquel año (obras maestras como “Perdición” de Billy Wilder o “Laura” de Otto Preminger), “Historia de un detective” es un magnífico ejemplo del género, particularmente de su vertiente sobre investigadores privados; siendo la primera vez que aparecía en pantalla el célebre detective creado por Raymond Chandler (al menos como Philip Marlowe) que más tarde inmortalizaría Humphrey Bogart en “El sueño eterno”, 1946, de Howard Hawks). Y es que el film del perseguido (por el Comité de Actividades Antiamericanas) Edward Dmytryk (“Encrucijada de odios”, 1947, o “El motín del Caine”, 1954) es una inspirada y divertida colección de constantes del cine negro: un protagonista cínico pero íntegro (y su voz en off), diálogos cargados de réplicas irónicas, ambientes lúgubres, situaciones intrigantes y personajes amorales y corruptos.

En un largo flashback, vemos como el detective privado Philip Marlowe (Dick Powell) es contratado por Moose (Mike Mazurki) para que encuentre a su antigua novia. Por otro lado también es contratado como guardaespaldas en un intercambio sospechoso.

A pesar de su modesto presupuesto, “Historia de un detective” contó con sólidos artesanos de la RKO como el compositor Roy Webb (que crea una banda sonora romántica e inquietante) o el director de fotografía Harry J. Wild (con una adecuada iluminación expresionista propia del género) para mantener el suspense y sumergir al espectador en un mundo (con una noche casi perpetua) que parece construido con alcohol, tabaco, violencia, ambición, conspiraciones y claroscuros. Sin tener el carisma de Bogart, Dick Powell compone un encantador Marlowe; que se mueve a base de sarcasmo e insolencia por una enrevesada (incluso paranoica) trama repleta de giros de guión y poblada por mujeres fatales, estafadores de guante blanco y toscos matones. Robert Mitchum interpretaría a Marlowe en una nueva y apreciable versión de la novela de Raymond Chander: “Adiós muñeca” (Dick Richards, 1975).

 

– Para cualquiera interesado en el cine clásico de género.

– Imprescindible para coleccionistas de las grandes obras del cine negro.

 

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