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Tras iniciarse cinematográficamente en el realismo poético francés como asistente de dirección de Jean Renoir (en “Los bajos fondos”, 1936, o “Una partida de campo”, 1937), el realizador italiano Luchino Visconti llevó a la devastada Italia de posguerra el naturalismo y los intereses sociales y políticos de los galos (a su vez influenciados por el expresionismo alemán y otras vanguardias) en una serie de obras maestras (“Ossessione”, 1943, o “Bellísima”, 1951) que fundaron e impulsaron el Neorrealismo Italiano. Magnífico ejemplo de docuficción, en “La terra trema” Visconti sabe encajar con habilidad un argumento ficticio (inspirado en una novela de Giovanni Verga) en unos protagonistas y un lugar donde perfectamente podría haber ocurrido (rodó con actores no profesionales, en sus propias casas y en un dialecto siciliano); con unas elecciones estéticas que responden a una intención muy clara: mostrar la realidad de la manera más fidedigna, concienciar y criticar.

En un pequeño pueblo pesquero al este de Sicilia, una humilde y extensa familia se adapta a la muerte del padre en el mar. El hermano mayor se dedica también a la pesca y ve impotente como los mayoristas le pagan una miseria por su mercancía.

Pero además de su valor documental, de mostrar como nadie la vida real, “La terra trema” está impregnada de un sentimiento épico y heroico (entre Eisenstein y Flaherty) que ensalza el valor (social y humano) de ese proletariado castigado y trágico con lirismo y conciencia. Siempre comprometido con la lucha obrera, en “La terra trema”, Visconti se sirve de un escenario y personajes reales para contarnos una historia en torno a la cotidianidad y las miserias de las clases trabajadoras; logrando un estremecedor testimonio, tan dramático como humano, de la vida de los más deprimidos. Visconti nos habla de la explotación de los trabajadores por medio de las clases poderosas, criticando el control del mercado y el inmovilismo al que abocaba el sistema capitalista (en principio tenía que rodar un documental propagandístico para la campaña electoral de 1948 del Partido Comunista).

 

– Para cinéfilos que quieran asomarse a la realidad.

– Imprescindible para entender el Neorrealismo Italiano.

 

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