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Considerada como la segunda entrega de una trilogía no intencionada (junto a “Como en un espejo”, 1961, y “El silencio”, 1963) donde el realizador sueco Ingmar Bergman (“Fresas salvajes”, 1957, o “Persona”, 1966) explora la relación del ser humano con Dios; “Los comulgantes” es un sombrío drama existencial que aborda los conceptos de amor y fe desde un punto de vista crudo y desolador. Inspirado por el testimonio de un sacerdote en crisis (que terminó suicidándose), Bergman confecciona un film estéticamente frío y conceptualmente complejo; donde la eterna lucha entre lo espiritual y lo material vertebran una intensa trama impregnada por la filosofía de Nietzsche o Kierkegaard. Y es que Bergman nos habla de la falta de sentido de la vida provocada por la ‘muerte de Dios’ a la vez que da una lección cinematográfica, visual y narrativa, tan atrevida como personal.

Tomas Ericsson (Gunnar Björnstrand) es un pastor luterano viudo que pasa por una crisis espiritual. La poca asistencia a su iglesia y la relación con la maestra del pueblo (Ingrid Thulin) lo llevan a plantearse su propia religiosidad.

Implacable, profunda y analítica, “Los comulgantes” combinaba a la perfección los dos temas más recurrentes de la filmografía de Bergman (la duda existencial como tormento interior y las relaciones sentimentales como contrapunto terrenal) en un film intemporal e incómodo. El director de “El séptimo sello” (1957) parece hablarnos de la necesidad de un sistema de creencias para que el ser humano siga manteniendo cierta salud psicológica, pero también de cómo es imprescindible que pongamos en duda los ‘dogmas aparentemente inamovibles’ para poder desarrollarnos vitalmente. Estructurada como una composición de música de cámara en tres actos, “Los comulgantes” se apoya además en una reparto excelente (con intérpretes habituales del cine de Bergman) y en la desnuda fotografía de Sven Nykvist (oscarizado por dos colaboraciones con el director: “Gritos y susurros”, 1972, y “Fanny y Alexander”, 1982); que elevan la categoría de la película a obra maestra.

 

– Para interesados en el cine, la filosofía y la religión.

– Imprescindible para entender el universo fílmico de Ingmar Bergman.

 

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