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Un cuarto de siglo después de lograr su último Oscar (por el guión de “Hannah y sus hermanas”, 1986) y con casi una veintena de nominaciones, el cineasta neoyorquino por excelencia volvió a ganar el preciado galardón gracias a esta comedia romántica donde vuelve a recurrir a la fantasía (como en “La rosa púrpura del Cairo”, 1985, “Alice”, 1990, o “Desmontando a Harry”, 1997) para desarrollar un argumento donde las relaciones sentimentales y las referencias culturales se mezclan en un irresistible cóctel de humor, amor y arte. “Midnight in Paris” es un nostálgico homenaje al bohemio París de los años 20 y a las vanguardias artísticas de principios del siglo XX, donde Allen hace un repaso de sus escritores y pintores favoritos a la vez que despliega su mejor repertorio de diálogos ingeniosos, divertidos gags y temas recurrentes (crisis de pareja, intelectualidad, neurosis, creación artística, …); creando una atmósfera amablemente caricaturesca, entretenida y aguda.

Gil Pender (Owen Wilson) es un guionista cinematográfico que viaja a París con su prometida Inez (Rachel McAdams). Una noche algo insólito le sucederá mientras pasea por el Barrio Latino.

Respaldado por un excelente reparto y la mágica iluminación de Darius Khondji (“Delicatessen”, 1991, o “Seven”, 1995), Allen se pasea por un entorno idealizado y carismático donde el artista (que a menudo protagoniza sus films) puede codearse con sus influencias, sus iconos, sus creadores predilectos; diseccionando con sutileza y afecto tanto las relaciones de pareja como las implicaciones del Modernismo que supusieron un cambio de paradigma en el arte (gracias a corrientes como el surrealismo o el cubismo y técnicas como la parodia o la reinterpretación). Un lustro después de abandonar las calles de Nueva York e iniciar su periplo europeo (con “Match Point”, 2005), y antes de la polémica en torno a los supuestos abusos, Allen demostraba que con 76 años y medio siglo de carrera a sus espaldas aún podía rodar un film fresco y entretenido, donde lo visual, lo narrativo y lo conceptual combinan a la perfección.

 

– Para interesados en el efervescente y artístico París de los años 20.

– Imprescindible para amantes del mejor Woody Allen.

 

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