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Segunda entrega de la inintencionada trilogía con tintes autobiográficos (junto a “La ley del deseo”, 1987, y “Dolor y gloria”, 2019) que abarca treinta años de la filmografía de Pedro Almodóvar; “La mala educación” es un excelente thriller dramático cargado de sexo y suspense, giros de guión y temas controvertidos. Almodóvar plasma su personal estilo visual, narrativo y conceptual en una historia donde vuelca sus experiencias como alumno de un colegio de curas; construyendo un intrincado y tramposo relato a base de flashbacks (habitual en sus últimos films: “Los abrazos rotos”, 2009, “Julieta”, 2016, o “La piel que habito”, 2011) donde la realidad y la ficción se confunden en sus diversos niveles argumentales (en su juego de ‘doppelgängers’ entre el mundo real y el cine). El director manchego vuelve a demostrar su amor por los relatos criminales (y por Hitchcock) en este atrevido cuento de cine dentro del cine, que en realidad esconde un drama iniciático, doloroso y amargo.

Enrique Goded (Fele Martínez) es un joven director, en busca de un proyecto, que un día recibe la visita de Juan (Gael García Bernal), un antiguo compañero de colegio que parece esconder un secreto.

“La mala educación” se va construyendo con diversas fuentes, como un rompecabezas de tramas dentro de tramas; pero va más allá de su forma, abordando temas como la condición sexual (están representadas la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad, …) o los abusos infantiles (dando profundidad, complejidad y humanismo tanto a los niños como a los sacerdotes) sin tremendismos ni sensiblerías. Además, Almodóvar vuelve a combinar con talento y cariño sus influencias del cine clásico con la cultura eminentemente española, en un cóctel que resulta universal a la vez que personal e identificable. “La mala educación” es sorprendente, intrigante, arriesgada e intensa, un inteligente y oscuro ejercicio de cine negro en pleno universo almodovariano que no dejará indiferente a nadie; rodado magistralmente (con la inestimable ayuda de su inseparable José Luis Alcaine) y magníficamente interpretado.

 

– Para amantes de puzzles argumentales.

– Imprescindible para entender el cine de Almodóvar.

 

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