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Pocos directores en la historia del cine han sabido plasmar en una película la condición humana como el sueco Ingmar Bergman, desarrollando un complejo y agudo discurso en torno a la memoria (“Fresas salvajes”, 1957), la religión (“Los comulgantes”, 1963), las crisis existenciales (“Persona”, 1966), las relaciones sentimentales (“Escenas de un matrimonio”, 1974) o los vínculos familiares; este último, tema clave en obras maestras como “Sonata de otoño”, un estremecedor drama materno-filial tan sincero como profundo, tan creíble como despiadado. Ayudado por el impagable duelo actoral de Ingrid Bergman y Liv Ullmann, el autor nos habla del amor, la pasión, y la dificultad de expresarlos o sentirlos; de como nos ha influido la educación de nuestros padres; de soledad, desorientación vital, incomunicación, de las implicaciones de una vida dedicada al arte o del sentimiento de culpa.

Tras la muerte de su pareja, Charlotte Andergast (Ingrid Bergman), una famosa pianista, visita la casa de su hija Eva (Liv Ullman), la cual está resentida con la frialdad con que su madre la ha tratado toda la vida.

Los planos reflexivos y la sencilla puesta en escena (mayormente en interiores) que caracterizaron la filmografía de Bergman configuran un entorno perfecto donde enmarcar las magníficas interpretaciones y los desgarradores diálogos de “Sonata de otoño”; que también cuenta con el destacable trabajo de iluminación de Sven Nykvist (oscarizado por “Gritos y susurros”, 1972, y “Fanny y Alexander”, 1982, ambas de Bergman). “Sonata de otoño” desafía la concepción clásica de la maternidad, desmontando el estereotipo de la ‘madre coraje’, del ese ‘amor incondicional’, en un ejercicio de análisis con el que desde un punto de vista u otro es difícil no sentirse un poco identificados (¿quien no tiene reproches hacia sus padres… o sus hijos?). Como para los propios personajes, el film también supone una búsqueda y una exploración del propio mundo interior de Ingmar Bergman, que bucea en sus pensamientos y recuerdos, reservando un lugar importante para el arte (en este caso la música).

 

– Para cualquiera que sea madre/padre o hija/hijo.

– Imprescindible para admiradores de la pureza en el cine.

 

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