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Con su tercer film, el insobornable director francés Jean-Luc Godard (“Al final de la escapada”, 1960, “El desprecio”, 1963, o “Banda aparte”, 1964) continuó forjando la Nouvelle Vague a base de cinefilia y vanguardia, abordando con ingenio los grandes géneros del cine americano. “Una mujer es una mujer” es una colorida comedia musical experimental, donde Godard rompe con todos los convencionalismos del género que Hollywood había establecido durante los 50; desde sus ingeniosos títulos de crédito a base de palabras clave a su irónico final, pasando por rupturas de la 4ª pared, coreografías minimalistas (casi invisibles) con movimientos nada artísticos o acrobáticos y toda clase de transgresiones de las normas canónicas de composición y narrativa cinematográfica. Godard reduce al absurdo la comedia musical, pero también nos regala un fresco y desinhibido despliegue de tópicos revisitados y novedosos recursos narrativos, con unos personajes entrañablemente franceses y un mensaje que se adelantaba a la revolución sexual de los 60.

Angela (Anna Karina) es una bailarina de striptease que quiere tener un hijo. Ante la negativa de su novio (Jean-Claude Brialy) decide darle celos con su mejor amigo (Jean-Paul Belmondo).

Siempre tan estudioso como rebelde, Godard también explora las posibilidades de los colores básicos, de la relación entre el sonido y la imagen (con esos números musicales, surrealistas y deconstruidos) y, por supuesto, de la flexibilidad del lenguaje cinematográfico (capaz de acoger la crítica social, la perspectiva metalingüística, el retrato psicológico, el entretenimiento, las referencias culturales, …). “Una mujer es una mujer” es un divertimento (moderno e intelectual) tanto para el público como para el propio director, que demuestra su pasión por el cine a la vez que juega con el triángulo amoroso tradicional y de paso llena el film de referencias a su propia obra y la de su colega François Truffaut (como ese surreal cameo de Jeanne Moreau, a la que Belmondo pregunta por el rodaje de “Jules et Jim”, estrenada al año siguiente).

 

– Para enterarse de qué iba eso de la Nouvelle Vague.

– Imprescindible para amantes de los musicales que creen que ya lo han visto todo.

 

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