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La omnipresencia de la Disney en el cine para todos los públicos se extendió desde los años 50 hasta los videoclubs de los 80, más allá de sus largometrajes animados, con gran cantidad de films convertidos ya en clásicos donde las aventuras (“20.000 leguas de viaje submarino”, 1954), la comedia (“Tú a Boston y yo a California”, 1961), la ciencia-ficción (“El hombre más fuerte del mundo”, 1975) o la fantasía (“El carnaval de las tinieblas”, 1983) entretenían a toda la familia. El realizador británico Robert Stevenson fue uno de los grandes artesanos del estudio, siendo el responsable de algunos de los grandes éxitos Disney durante décadas (“Fiel amigo”, 1957, “Mary Poppins”, 1964, o “La bruja novata”, 1971); el cual puso su talento al servicio de “Un sabio entre las nubes”, una amable comedia de ciencia-ficción, cargada de enredos y humor físico, diálogos divertidos y situaciones disparatadas, que se convirtió uno de los grandes éxitos de la época.

Ned Brainard (Fred MacMurray) es un despistado científico que consigue sintetizar una extraña sustancia antigravedad a la que se le puden dar muchas utilidades.

A su entrañable comicidad y su ingeniosamente absurdo argumento hay que añadir que “Un sabio entre las nubes” se beneficia de la interpretación de un siempre magnífico Fred MacMurray (y un buen reparto secundario); además de unos atractivos efectos especiales, una excelente fotografía en blanco y negro (fue funestamente coloreada para una edición en video en los 80) y en general una esmerada producción (decorados, vestuario, …). La figura del típico ‘genio absorto en sus investigaciones’ (véase “La fiera de mi niña”, 1938, o “Me siento rejuvenecer”, 1952) sirve aquí como excusa perfecta para desplegar una serie de gags propios del slapstick y numerosos artefactos con implicaciones a menudo desastrosas, haciendo las delicias de espectadores de todas las edades. Poco después se estrenó una entretenida, aunque menor, secuela titulada “El sabio en apuros” (1963); y mucho después un exitoso pero olvidable remake con Robin Williams: “Flubber y el profesor chiflado” (1997).

 

– Para los que estén cansados del cine contemporáneo para toda la familia.

– Imprescindible para asomarse a las producciones clásicas Disney al margen de la animación.

 

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