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Inicialmente formada por dos partes estrenadas por separado (y después convertida en un largo de 4 horas), “El doctor Mabuse” es una parábola casi distópica sobre el empobrecido, corrupto y caótico estado de Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Fritz Lang (“Metrópolis”, 1927, “M, el vampiro de Düsseldorf”, 1931, “Perversidad”, 1945), siempre comprometido, amante de las historias con trasfondo, de las alegorías sociopolíticas (pero también psicológicas), presenta al doctor Mabuse como una suerte de contenedor de todos los males que sufría la sociedad alemana de la época, la trastornada y pérfida personificación de los poderes económicos y políticos.“El doctor Mabuse” es una de las grandes cimas del Expresionismo Alemán, ejemplo paradigmático del uso de la deformación expresiva de la realidad a base de una siniestra iluminación contrastada, encuadres angulosos, una narración fragmentada, …

El malvado Dr. Mabuse (Rudolf Klein-Rogge) tiene un plan para manipular a la población a su antojo. Para ello intenta desequilibrar el mercado bursátil fabricando dinero falso.

“El doctor Mabuse” es un thriller criminal, oscuro y enrevesado, cuya influencia se extiende hasta la actualidad (con un protagonista que es el padre de todos los villanos megalómanos y sin escrúpulos que ha dado el cine); una imprescindible experiencia visual (la narración va muchas veces subordinada a las elaboradas y perturbadoras imágenes) cuya condición de metáfora de la sociedad alemana de la posguerra también la convierte en una (¿inintencionada?) mirada al gérmen de los totalitarismos que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial (ha sido considerada erróneamente como antisemita y, al contrario, se ha querido ver a Mabuse como el ‘ultrahombre’ nietzscheano). El icónico doctor Mabuse (personaje creado por el escritor Norbert Jacques) volvería al cine de la mano de Fritz Lang en dos ocasiones (“El testamento del Dr. Mabuse”, 1933, y “Los crímenes del Dr. Mabuse”, 1960), además de en numerosos films de explotación durante los 60 (a manos de realizadores como Jesús Franco o Hugo Fregonese).

 

– Para los que crean que el cine mudo era inferior al sonoro.

– Imprescindible para asomarse al Expresionismo alemán, su concepción visual y conceptual.

 

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