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Segundo de los cinco brillantes films del oeste que Anthony Mann rodó junto a James Stewart (además de “Winchester 73”, 1950, “Colorado Jim”, 1953, “Tierras lejanas”, 1954, y “El hombre de Laramie”, 1955), “Horizontes lejanos” es un entretenido western de aventuras con mucha más complejidad y profundidad de la habitual en los numerosos productos similares que poblaban las pantallas de los cines en la era dorada del género. Mann y su guionista habitual Borden Chase (“Río Rojo”, 1948), especializado en cine del oeste, confeccionaron, a partir de una novela del historiador William Gulick, un relato de viajes por tierras indómitas con evidentes paralelismos con “La Odisea” de Homero; donde los tópicos del género (caravanas, pistoleros, póquer, los bellos parajes de Oregon, …) se mezclan con maestría con el retrato psicológico y la reconstrucción histórica de una nación aún en estado de construcción, lugares, situaciones y personajes.

En 1866, Glyn McLyntock (James Stewart) dirige una caravana que quiere establecerse en Oregon. en el camino salvarán a Emerson Cole (Arthur Kennedy), al cual quieren linchar por robar un caballo. La llegada de éste cambiará las cosas.

“Horizontes lejanos” es una contundente historia de redención (típica pero narrada con efectividad y buen oficio) y un relato de pioneros por espectaculares paisajes, con una puesta en escena magistral y unas interpretaciones de primera (con secundarios de lujo como Rock Hudson, Julie Adams o Royal Dano); una impagable experiencia cinematográfica que nos traslada al mejor cine clásico hollywoodiense (aunque su prestigio, al igual que el de su director, le llegó con el tiempo). Viaje por las remotas tierras americanas en busca de un nuevo hogar (con indios, buscadores de oro, escenas de acción, …), pero también por el interior de un ser humano en busca de una nueva vida (sueños, esperanzas, miedos, ambición, …); ambos tratados con la épica del western y con la hondura del estudio psicológico, en una obra de las que a la larga terminan configurando el género.

 

– Para amantes del mejor western clásico.

– Imprescindible para estudiosos de lo que se llamó ‘western psicológico’.

 

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