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El cine australiano comenzó a llamar la atención en el panorama internacional durante los años 70 (en la conocida como Australian New Wave) gracias a una nueva generación de cineastas (Bruce Beresford, George Miller, Brian Trenchard-Smith, …) que combinaron con frescura y originalidad el espectáculo genérico hollywoodiense, las ganas de innovar (temática, narrativa y visual) y la exploración de elementos propios de la cultura australiana. Peter Weir (“Picnic en Hanging Rock”, 1975, “El club de los poetas muertos”, 1989, o “El show de Truman”, 1998) fue uno de los máximos exponentes de aquel surgimiento; y en “La última ola” nos habla de la convivencia de dos culturas opuestas (aborígenes y ‘colonos’) en un mismo territorio a la vez que confecciona un admirable ejercicio estético, atmosférico y narrativo cargado de suspense, un estimulante cóctel de cine fantástico (sobre premoniciones) y de investigaciones criminales (y conspiranoicas).

David Burton (Richard Chamberlain) es un abogado que ha de defender a cuatro aborígenes acusados de asesinato. David tiene extraños sueños que parecen tener alguna conexión con los cambios en el clima que se están dando en los últimos días.

“La última ola” es un thriller criminal apocalíptico y climatológico, sobrenatural e intrigante, que combina perfectamente la crítica social con la fantasía antropológica; donde el buen oficio de Weir a la hora de dignificar géneros populares y su talento para abordar las más diversas temáticas y tonos (sus trece largos entre 1974-2010 van de la comedia al drama, pasando por el cine de aventuras, la ciencia-ficción, el cine policíaco o el bélico) convierten el film en una joya del cine de entretenimiento de autor. Como realizador y guionista, Weir reflexiona sobre las interacciones entre los nativos australianos y las culturas europeas, proponiendo una especie de ajuste de cuentas milagroso, místico incluso, que utiliza toda la parafernalia, la iconografía y las creencias de los aborígenes como contexto estético donde crear tensión cinematográfica y su discurso sociopolítico, moral y ecologista.

 

– Para los que creen que todos los thrillers criminales son iguales.

– Imprescindible para acercarse a la Nueva Ola Australiana de los 70 (y a Peter Weir).

 

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