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Parcialmente inspirada en la vida del cantautor Dave Van Ronk, “A propósito de Llewyn Davis” es una comedia, amarga y cruel (pero sin duda simpática), que profundiza en el espíritu triste e insobornable, comprometido y melancólico, del folk americano de los 60. “A propósito de Llewyn Davis” retrata con cariño e ironía la figura del perdedor clásico, profundizando en la industria musical (y por extensión otras representaciones culturales) a través del eterno dilema creativo de ser consecuente con tu ideales o venderte a lo ‘comercial’. Los hermanos Coen (“Arizona Baby”, 1987, “El gran Lebowski”, 1998, o “No es país para viejos”, 2007) están a la altura de sus mejores películas, dejando para el recuerdo algunos memorables momentos musicales y logrando sumergir al espectador en ese Greenwich Village neoyorquino de principios de los 60 (con la magnífica y evocadora fotografía de Bruno Delbonnel) que supuso el germen de la explosión del folk poco después.

Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un cantante folk que intenta ganarse la vida en la Nueva York de 1961. Sobrevive gracias a pequeños trabajos como músico de acompañamiento (estupenda la secuencia con Adam Driver y Justin Timberlake) y las ayudas de algunos amigos con más más éxito que el.

Con cierto humor negro (que pasan por algunos jugosos secundarios, gato pelirrojo incluido) y arranques de rabia e impotencia, los Coen nos hablan de la desilusión, del fracaso del sueño americano y de la dificultad de ser coherente contigo mismo (aguantando golpes económicos, sentimentales y artísticos); todo ello ahondando en el alma misma de una de las instituciones culturales más icónicas de la cultura estadounidense. Y lo hacen con su habitual maestría en la puesta en escena, con sus cuidados movimientos de cámara y encuandres cargados de intención; poniendo el foco en lo intimista, cerrado, frío y oscuro. “A propósito de Llewyn Davis” es un film sencillo, contemplativo, melómano y ácido, ajeno a la grandilocuencia de los grandes éxitos de los Coen, pero más universal y perdurable que estos.

– Para cualquier amante de la música (americana).

– Imprescindible para coleccionistas de ‘historias de perdedores’.

 

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