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A menudo el cine de juicios ha explorado el poder de las apariencias y la maleabilidad de la verdad (en clásicos como “Testigo de cargo”, 1957, o “Anatomía de un asesinato”, 1959), convirtiendo esto en la columna vertebral de entretenidos argumentos repletos de giros de guión y sorpresas finales. Pero estos temas también ha servido para desarrollar un necesario y atractivo discurso en torno a la lucha contra el poderoso, el corrupto y las injusticias sociales (en la línea de “Matar a un ruiseñor”, 1962, o “Philadelphia”, 1993). Dirigida y producida por el todoterreno Norman Jewison (“En el calor de la noche”, 1967, “El violinista en el tejado”, 1971, o “Huracán Carter”, 1999), “Justicia para todos” se enmarcaría en esta tendencia, erigiéndose como uno de los más recordados thrillers judiciales de los 70, gracias en gran medida a la esforzada interpretación de un Al Pacino en plena cresta de la ola (incluido su memorable discurso final).

Arthur Kirkland (Al Pacino) es un abogado que debe defender a un juez (John Forsythe), a pesar de que en el pasado había tenido problemas con el. Esto terminará poniendo en tela de jucio la existencia de una verdadera justicia.

“Justicia para todos” es cine de denuncia, pero sin olvidar su condición de producto hollywoodiense; así que su exposición de los podridos entresijos de la justicia estadounidense puede que se diluya un tanto entre personajes y diálogos sin la incorrección y rabia que podrían haber tenido. Pero por las mismas razones, funciona perfectamente como entretenimiento digno, con un excelente reparto (Lee Strasberg, Jeffrey Tambor, Christine Lahti, Craig T. Nelson, …) y solventes profesionales en todos los campos; además de su carismático acercamiento a ese reconocible universo judicial que llevamos años viendo en la pantalla, idealizado y adaptado. La dificultad de mantener tus ideales y tu honestidad o la ambigüedad proveniente de las múltiples interpretaciones que se puede hacer de la verdad, son temas que enriquecen este predecible pero sólido ‘tour de force’ de Pacino.


– Para abogados con ganas de cine.

– Imprescindible para dejarse llevar por un Al Pacino en estado puro.

 

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