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No solo de Ernst Lubitsch (“Ninotchka”, 1939) o Preston Sturges (“Los viajes de Sullivan”, 1941) vivió la comedia elegante que tanto se prodigó allá por los años 30 y 40; que con sus enredos, equívocos, sofisticación y comentarios ético-humorísticos intentaba que la sociedad estadounidense se evadiese durante hora y media de la Gran Depresión. Tras el fracaso de la revalorizada “Dejad paso al mañana” (1937), amarga reflexión sobre la vejez, Leo McCarey volvió al género que más alegrías le dio, a menudo al servicio de estrellas de la comedia como los hermanos Marx (“Sopa de ganso”, 1933), Harold Lloyd (“La vía láctea”, 1936) o Bing Crosby (“Siguiendo mi camino”, 1944); y el resultado (Oscar incluido) fue esta incisiva y dinámica historia con triángulo amoroso que nos habla del matrimonio y de los roles de género, de las relaciones sentimentales y las mentiras que a menudo las acompañan.

Creyendo que le ha sido infiel, Jerry Warriner (Cary Grant) decide divorciarse de su mujer Lucy (Irene Dunne). Pero antes de que la separación sea oficial, y con la llegada de un pretendiente (Ralph Bellamy), Jerry intentará recuperar a Lucy.

“La pícara puritana” es uno de los hitos de la ‘screwball comedy’, cargada de diálogos inteligentes, gags físicos, divertidos secundarios, lucha de sexos y situaciones conflictivas (eso si, entre personajes ricos, guapos y con clase); una joya de la evasión cinematográfica no exenta de cierto trasfondo de crítica social (algo muy habitual en la época, véase Frank Capra). Celos, rencores, venganza, orgullo, picaresca y mucha ironía, son los ingredientes de un argumento más moderno de lo en principio se le pueda suponer a un film con casi 100 años (el divorció no llegaría a España hasta 1981 y tratar a los perros como si fuesen hijos tardaría un poco más); que tiene en la química entre su pareja protagonista y en la buena mano de McCarey con la dirección de actores (amante de las improvisaciones) sus mejores bazas, la excusa perfecta para pasar un rato entretenido echando un vistazo a una sociedad del pasado que no es tan distinta a la hoy día.

– Para amantes de la comedia clásica.

– Imprescindible para saber qué es la ‘screwball comedy’.

 

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