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Fue un fracaso de taquilla en su estreno, aunque las mismas razones que lo provocaron (un trama recargada e incomprensible, personajes estereotípicos e inverosímiles, …) fueron las que terminaron por convertir a “Las aventuras de Buckaroo Banzai” en una de las más recordadas obras de culto de los 80. Tras una década y numerosos libretos desechados (lo que hace que tengamos la sensación de que hay mucho más de lo que vemos en pantalla), el guionista, productor y director W.D. Richter (autor de “La invasión de los ultracuerpos”, 1978, “Brubaker”, 1980, o “Golpe en la pequeña China”, 1986) logró sacar adelante este delirante proyecto cargado de efectos especiales, situaciones humorísticas, trajes extravagantes, pseudociencia inventada, romances inevitables y música ochentera. El carisma y las enormes posibilidades de sus personajes provocaron que trasladasen sus aventuras a libros, video-juegos o cómics, ampliando el curiosos universo inaugurado en el film.

Buckaroo Banzai (Peter Weller) es un reconocido neurocirujano, piloto de pruebas, estrella de rock y científico cuántico que junto a su séquito (los Hong Kong Cavaliers) tendrá que pararle los pies al doctor Lizardo (John Lithgow), poseído por un ser de la 8ª dimensión.

El guionista Earl Mac Rauch (que había debutado con el drama musical “New York, New York”, 1977, de Martin Scorsese) escribió el guión inspirándose en el frenético cine de artes marciales hongkonés de principios de los 70, pasándolo todo por el prisma de la ciencia-ficción más desprejuiciada, el rock & roll ‘new wave’ y los cómics de aventuras; logrando una película que se odia o se ama. “Las aventuras de Buckaroo Banzai” es un entretenido pastiche de cine de género confeccionado a base de retazos y guiños que deleitarán a cualquier friki mínimamente atento, una parodia/homenaje tan entretenida y original como alocada e ingenua; con un atractivo reparto con decenas de caras conocidas (Jeff Goldblum, Ellen Barkin, Christopher Lloyd, Clancy Brown, …) y un espíritu pulp irresistible que sigue manteniendo la frescura y el absurdo 40 años después.


– Para coleccionistas de clichés del cine de género de los 80.

– Imprescindible para seguidores de la ciencia-ficción más delirante y cómica.

 

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