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El rey de la comedia adolescente estadounidense de los 80, John Hughes (“El club de los cinco”, 1985, “La mujer explosiva”, 1985, o “Todo en un día”, 1986), seguía alejándose del cine de ‘high schools’ con esta comedia con toques dramáticos donde volvía a contar con el carismático John Candy (“Mejor solo que mal acompañado”, 1987) para mostrar el lado más humano del perdedor, del diferente, del que es incapaz de acomodarse a los esquemas sociales mayoritarios. “Solos con nuestro tío” es una comedia amable, predecible pero divertida, irregular pero entrañable, repleta de tópicos pero poseedora de muchas de las virtudes que hicieron grandes a Hughes y a Candy; un digno y bienintencionado entretenimiento que nos acerca a la América idealizada del cine de los 80 y de paso despliega una serie de valores (en torno a la familia, la educación, la madurez y las relaciones sentimentales) reconocibles en todo el mundo.

El matrimonio Russell ha de salir de la ciudad urgentemente y solo pueden dejar a sus tres hijos (entre los que está Macaulay Culkin, poco antes de “Solo en casa”, escrita y producida por John Hughes) con su tío Buck (John Candy), un inmaduro amante de las apuestas y los puros.

Rodada, como la mayoría de los films de John Hughes, en Chicago (incluido el célebre instituto New Trier, donde se rodó su debut como director: “Dieciséis velas”, 1984), “Solos con nuestro tío” tiene ese aire familiar que nos traslada a otra época, más sencilla y siempre con final feliz; en parte por la habilidad del director/guionista para presentarnos los pormenores cotidianos y superables de las instituciones yankees, pero también por la presencia arrolladora de un John Candy, bonachón pero cañero, enfrentado a los sinsentidos de la infancia y la adolescencia. Ya sea por nostalgia, por simpatía o por hacer la contra a los críticos más serios, creo que “Solos con nuestro tío” (como el propio Candy) es una de esas joyas que solo se aprecian como deben con la perspectiva que da la distancia; no es una obra maestra de la comedia, pero es mucho mejor que la mayoría.

– Para viajar treinta años al pasado.

– Imprescindible para completistas de la obra del ya icónico John Hughes.

 

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