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Tras más de dos décadas reinando en el mercado del cine de terror (desde “El jorobado de Notre Dame”, 1923), la Universal ya había explotado a sus monstruos clásicos en películas de éxito (“Drácula”, 1931, “Frankenstein”, 1931, o “El hombre lobo”, 1941) y en entretenidas producciones menores donde compartían cartel (“Frankenstein y el Hombre Lobo”, 1943, o “La zíngara y los monstruos”, 1944). El siguiente paso fue utilizarlos como recurso humorístico y los elegidos para inaugurar esta tendencia (que llega hasta la actualidad) fueron Abbot y Costello (“Agárrame a ese gantasma”, 1941, o “Crimen a medianoche”, 1942), que aunque nunca recibieron el beneplácito de la crítica, si que tomaron el relevo de Laurel y Hardy como dúo cómico más popular de EE.UU. El resultado es un divertimento añejo pero entrañable, una agradable parodia genérica a base de gags físicos, caricaturas amables y situaciones que ponen de relieve la cobardía e inocencia de sus protagonistas.

Chick (Bud Abbott) y Wilbur (Lou Costello) son unos trabajadores de una estación de tren que han de trasladar unas cajas. Pero el día se torcerá cuando descubran lo que hay dentro.

Pero además de esas amenas patochadas a las que tanto debe “Scooby-Doo” (1969-70), esta pioneras en la combinación del cine de terror y la comedia también cuenta con la participación de actores que ya habían interpretado a los monstruos clásicos de la Universal (Bela Lugosi, Lon Chaney Jr. y Glenn Strange). También tenemos unos divertidamente siniestros títulos de crédito a cargo de Walter Lantz (creador del Pájaro Loco y otros personajes animados de la Universal) y la voz de Vincent Price en un cameo del hombre invisible; aunque tal vez se echa de menos una realización con más personalidad que la de Charles Barton (“El escándalo del año”, 1945, o “El fantasma huye”, 1946), un sólido director a sueldo que no tardó en trasladarse a la televisión. El éxito de “Abbott y Costello contra los fantasmas” llevó a la pareja a enfrentarse con otras criaturas como el hombre invisible, el doctor Jekyll o la momia.


– Para amantes del cine clásico para todos los públicos (de terror y cómico).

– Imprescindible para interesados en la evolución de los iconos del horror.

 

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