CINEBLOG.NET

 

Hay numerosas razones por las que un siglo después de ser estrenada “Aelita” merece la pena. Y es que esta pionera de la ciencia-ficción cinematográfica (fue el primer film de este género rodado en la URSS) es una excelente muestra de una industria donde brillaban realizadores míticos como Sergei M. Eisenstein (“El acorazado Potemkin”, 1925), Vsevolod Pudovkin (“La madre”, 1926) o Aleksandr Dovzhenko (“La Tierra”, 1930). Por un lado tenemos su valor histórico, inseparable del contexto de la Rusia post-revolucionaria, donde el cine debía representar los ideales ‘comunistas’ nacionales; pero las intenciones de Yakov Protazanov (“El padre Sergio”, 1918, o “El proceso de los tres millones”, 1926) demuestran que los cineastas también eran conscientes de la corrupción y la manipulación de los valores revolucionarios, convirtiendo estas aventuras marcianas en una suerte de crítica sociopolítica que no fue bien vista por los dirigentes de la época.

Al Moscú de 1921 llega un extraño mensaje de Marte. Lo envía Aelita (Yuliya Solntseva), la reina del planeta, pidiendo ayuda para combatir a su despótico padre. El ingeniero Los (Nikolai Tsereteli) comienza a obsesionarse con viajar a Marte.

A menudo las lecturas políticas priman en “Aelita”, pero no quita que sea interesante su concepción de los viajes espaciales y la vida alienígena (sobre todo en su segunda parte), mostrado todo con unos primitivos pero encantadores efectos especiales; además de moverse por otros géneros (romance, drama costumbrista, fantasía onírica, …) con el buen oficio de un cineasta que había comenzado su carrera en la Rusia pre-revolucionara (aunque su afán por abarcar demasiado haga el argumento algo dificil de seguir). Otros de los elementos destacables de “Aelita” (basada en una novela de Alekséi N. Tolstói) son sus cuidados apartados artísticos, con un diseño de producción adscrito al Constructivismo (con su funcionalidad y sus diseños geométricos) que marcó el estilo de ciertas producciones posteriores, en particular ‘space operas’ serializadas como “Flash Gordon” (1936).


– Para interesados en la arqueología cinematográfica.

– Imprescindible para los amantes de la ciencia-ficción como parábola política.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies