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Siempre deseoso de superarse a sí mismo, el entonces popular actor Warren Beatty debutó en la dirección (también escribió y produjo) con esta comedia fantástica que trasladaba a los años 70 el argumento de “El difunto protesta” (1941). El resultado fue una entretenida comedia romántica con trasfondo fantasmal que se convirtió rápidamente en uno de los más populares ejemplos de ‘películas de ángeles y difuntos’; una elegante revisitación de la comedia clásica de los 40 (con sus enredos humorísticos, secundarios robaescenas, papeles femeninos con fuertes convicciones, …). Con la ayuda de dos reputados guionistas (actores y productores) de comedia de la década como Buck Henry (“El graduado”, 1967) y Elaine May (“Corazón verde”), Warren Beatty (“Rojos”, 1981, “Dick Tracy”, 1990, o “Bulworth”, 1998) logró un film divertido y entrañable que cambió definitivamente el rol que tenía en Hollywood desde “Esplendor en la hierba” (1961).

Joe Pendleton (Warren Beatty) es un jugador de fútbol americano que tiene un accidente y es llevado al cielo por error, sin que el ángel hubiese comprobado que estaba muerto de verdad. Ahora su cuerpo ha sido incinerado y Pendleton tendrá que reencarnarse en otro cuerpo.

En una década cínica, violenta y desencantada (que el propio Beatty había inaugurado protagonizando y produciendo “Bonnie y Clyde”, 1967), “El cielo puede esperar” se pasea por el siempre curioso género de ‘errores burocráticos celestiales’ con optimismo y afán de evasión; sumergiendo al espectador en un universo fantástico e idealizado, predecible pero inteligente, que evocaba la manera de hacer cine en décadas pasadas. A su simpática propuesta temática, argumental y conceptual había que añadir la química que surge entre Beatty y Julie Christie, el buen trabajo de Dave Grusin (compositor de la pegadiza melodía de “Los Goonies”, 1985) o William A. Fraker (que ya había iluminado la cara terrorífica de los sobrenatural en “La semilla del diablo”, 1968) y su oscarizado diseño de producción (con esa icónica representación blanca y nubosa del cielo).


– Para pasar un buen rato sin ninguna pretensión.

– Imprescindible para coleccionistas de comedias fantásticas.

 

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